La Tauromaquia en el Perú
Más de 50 Años de Tradición Taurina

E l toreo forma parte de la tradición y de la cultura peruana. Considerado por muchos como un arte, y  criticado seriamente por otros, su práctica en nuestro país se remonta a los tiempos de la colonia. El historiador José M. Cossio, gran conocedor de la fiesta brava, afirma que en 1540 el conquistador Francisco Pizarro alanceó toros en la Plaza Mayor de la capital. La corrida de toros, espectáculo oficializado por el Cabildo de Lima en 1558, tomó mayor arraigo con la construcción de la Plaza de Acho (siglo XVIII), lugar donde los aficionados disfrutaron de las primeras corridas. 
El experimentado crítico español de la tradición taurina, el Marqués de Valero de Palma, en su libro "El toro que llegó del mar", de pronta aparición, afirma respecto a la incursión de Pizarro en el toreo, que el conquistador tenía la edad de 66 años cuando participó en lo que sería la primera corrida en el Perú. Asimismo, destaca que "Si las justas medievales estaban reservadas para la nobleza, la sustitución de éstas por corridas de toros en las cuales el riesgo frente al hombre se reemplazaba por el riesgo frente a la fiera, estaba total y absolutamente reservadas para los nobles. Por tal razón, Francisco Pizarro sintió en su atormentado espíritu el deseo de participar en los juegos de los nobles, pues ya en estas tierras era considerado un "noble completo", era el Marqués de la Conquista y Virrey de las Indias. Sólo así pudo hacer efectivo un deseo juvenil mantenido a lo largo del tiempo"  Vista de la Ciudad de Lima Vista de la ciudad de Lima desde las inmediaciones de la Plaza de Acho
 
              Toreo a Caballo
Existen evidencias que revelan que el toreo se extendió hacia distintos puntos del virreinato. Cuentan los especialistas que las corridas llegaron también al Cusco con ocasión de la fiesta del Patrón Santiago, el 15 de julio de 1560, impresionando a los lugareños y motivando diversas representaciones artísticas que en algunas partes del Perú aún se conservan. Así, se puede apreciar una acuarela del célebre obispo Martinea que data del siglo XVIII, lo cual prueba la incursión del toreo también en el norte del país. Las pinturas de Pancho Fierro son otra prueba de la popularidad de las diversas suertes taurinas.