Continuendo con la excavación, se decidió bajar a una sección de un promedio de 4x3 mts. al extremo Norte entre las dos unidades. Se trataba de explorar la desconocida sucesión arquitectónica en la base del paramento Sur correspondiente al nivel superior central. Después de registrar una secuencia de rellenos constructivos, aproximadamente a 5 mts. de la superficie actual, nos encontramos con un piso de barro que pertenecía, por el momento, a la más antigua construcción de la plataforma que sólo se elevaría entre 6 y 8 mts. del terreno circundante.

Un sospechoso hundimiento en este arcilloso sello arquitectónico sugirió establecer su naturaleza localizándose inmediatamente abajo dos vasijas globulares de engobe blanco, volteadas y ubicadas entre los límites curvos de una intrusión que había cortado los adobes originales de la construcción subyacente. En ese momento, aún no se presagiaba el estar cerca a otro importante descubrimiento. Unos 80 cms. más abajo se localizó otras vasijas globulares erguidas y semejantes. Se trataba de cántaros "cara gollete" de buen acabado, engobados en blanco y con diseños en rojo. Sorpresivamente, al centro de la intrusión, debajo de una capa de tierra oscura, brilló al sol un hierático rostro humano en oro que decoraba el vientre de una araña primorosamente trabajada en este metal. Progresivamente, las herramientas finas y pinceles fueron exponiendo una curvada superficie con residuos de fibra vegetal, sobre la que descansaban diez arañas semejantes. Un impresionante collar aparecía colocado como componente final de un fardo integrado por centenares de placas de cobre y otros ornamentos cubiertos de óxido verdoso.

Las vasijas se distribuían a lo largo de una fosa angular de 1.60 mts. de ancho que se proyectaba dentro del perfil Sur. Una adecuada y segura protección volvía a sellar momentáneamente la tumba, mientras parte del personal ampliaba otra sección hacia ese lado, bajando progresivamente los 6 mts. de profundidad para tener finalmente, después de algunas semanas, la base del recinto funerario completo: una fosa rectangular de 1.70x2.60 mts., en cuya sección central se ubicaba el envoltorio.

Notoriamente, el formato de esta tumba resultaba diferente al de las cámaras del "Señor", el "sacerdote" y el "guerrero". El recinto funerario fue oroginalmente excavado como una fosa elíptica que en su base tomaba forma rectangular, careciendo del techo de maderas, hornacinas laterales y, evidentemente, ataúd. Sin embargo, sus reducidas dimensiones mantuvieron la estabilidad del relleno y las construcciones sucesivas, facilitando una mejor conservación. Se trataba de un entierro de mayor antigüedad y aparentemente más simple. Salvo el sector Sur, los límites restantes quedaron perfectamente definidos, no existiendo la posibilidad de otros acompañantes laterales, aparte de una llama y una mujer, sin ornamento alguno, que parecía haber sido sacrificada momentos antes de su entierro. En contraste con estas características, el collar de oro y volumen del fardo parecían desdecir de una menor jerarquía.

Dentro de la tumba del "Viejo Señor de sipán" fueron hallados numerosos bienes tanto funerarios, como de mando, de rango y de culto, los que muestran comparativamente una mayor variedad y riqueza iconográfica. La diversidad de imágenes referidas a divinidades o atributos resulta notable por sus formas y dimensiones. Tres parecen constituir también los más importantes seres mitológicos: el "felino antropomorfizado", el "hombre cangrejo" y la "deidad de los ulluchus". Otros íconos o figuras de menor tamaño pueden ser de segundo orden ritual o menor grado mítico (máscaras realistas o pequeños personajes con serpientes).