Del poemario "Las Imprecaciones" - 1955


Alta eres América

 

Alta eres, América,

pero qué triste.

 

Yo estuve en las praderas,

viví con piedras y espinas,

dormí con desdichados,

sudé bajo la nieve,

me vendieron en tristísimos mercados.

!En tu árbol

sólo he visto madurar gemidos!

 

Bella eres, América,

pero qué amarga,

qué noche, qué sangre para nosotros.

Hay en mi corazón muchas lluvias,

largas nieblas, patio amargo;

la pura verdad, en estas tierras,

uno a veces es tan triste

que con sólo mirar envenena las aguas.

 

Alta eres, bella eres,

pero yo te digo:

no pueden ser bellos los ríos

si la vida es un río que no pasa;

jamás serán tiernas las tardes

mientras el hombre tenga que enterrar su sombra

para que no huya agarrándose la cabeza.

 

Entonces,

?de dónde trajeron los poetas

la guitarra que tocaban?

Yo te conozco,

dormí bajo la luna sangrienta,

despintaron mis ojos las lluvias,

quedéme al fin moribundo:

el cruel atardecer

me dio su enredadera de pájaros violentos;

en salvajes llanuras

destejí con mis manos implacables tinieblas,

en las casas entré y en las vidas,

pero jamás vi una sonrisa habitada.

 

Pregunté por la Alegria.

No respondió nadie.

Pregunté por la Felicidad.

No respondió nadie.

Pregunté por el Hombre.

No respondió nadie.

Tu corazón estaba obscuro al fondo de la noche.

?Qué quieren, pues, que cante?

Ya se quemó el pez en las sartenes,

ya caímos en la trampa.

Por favor, abran las ventanas.

Aquí el pájaro no es pájaro sino pena con plumas.