Las señoras me piden que yo las represente junto con otras dos delegadas en esa Convención donde se formaría la
Federación de Mujeres. Asistí con mi hijo David. Cuando llegamos al cine Madrid, encontramos a muchas mujeres de
otras organizaciones, también del club de madres, que peleaban por entrar. Quien decidía quien entraba era Erlinda.
Yo la conocía, porque participó en la toma del colegio 6066. Al reconocerme, objetó mi participación como
delegada. Las señoras de mi grupo de limpieza le dijeron que era su representante y que me dejara entrar.
Fue Juana Bendezú, quién también había participado en las tomas de colegios, quién
convenció a Erlinda para que me deje entrar. Ese día en la misma Convención reflexioné sobre el papel
de los partidos, aunque todavía no lo entendía muy bien. Queta era quien encabezaba un grupo minoritario; me propuso
que asuma la secretaría de organización. Yo no entendía bien que era eso de la federación pues sólo
participaban las señoras de limpieza, y la mayoría de las otras organizaciones de mujeres no participaron de esa reunión.
Tenía mi hijo pequeño y no tenía tiempo para dedicarme a la federación. Ella insistió y yo recordé la
manipulación de la que fuíí objeto en la época de las tomas. Me pareció que debía asumir
para defender a las señoras de mi club de madres. Así salgo elegida como subsecretaria de organización y empieza
una nueva etapa de mi vida a nivel personal y a nivel dirigencial. En 1986, en la segunda Convención de la Fepomuves salgo
nombrada presidenta y en mayo de 1988 me eligieron para el mismo cargo.