Esta experiencia me ayudó mucho para entender los problemas de la mujer. Comencé a tomar conciencia sobre el
papel de la mujer, la marginación. El hecho de que la mujer, a pesar de trabajar fuera de la casa, tiene que asumir las tareas
del hogar. Comprendí cuán machista era mi marido y empezaron las peleas constantes para que él
también asuma algunas tareas del hogar.
A fines del aņo `83, un grupo de mujeres del club de madres quería limpiar las calles, al igual que otros grupos de mujeres.
Estuve de acuerdo y las alenté en algunas faenas de limpieza. Posteriormente un grupo de ellas va a mi casa a proponerme
la formación de la federación de mujeres en nuestro grupo para que les puedan pagar en víveres, a cambio de
la limpieza. Ellas manifestaron que la seņora Erlinda les pedía que formen el club de las mujeres con las seņoras que
barrían. Les dije que no entendía por que un club de mujeres en nuestro grupo, si ya teníamos un club de
madres, y que sólo las mujeres podemos ser madres. No encontraba diferencia alguna, más bien me parecía
una duplicación de esfuerzos. Si era por obtener los víveres, podíamos cambiar el nombre de club de madres
por el del club de mujeres.