María Elena empezó su compromiso con las mujeres y con el pueblo desde el Movimiento de Jóvenes Pobladores que iniciaron
su experiencia en los orígenes de Villa El Salvador. Desde esa época, María Elena se perfiló como líder, primero juvenil,
posteriormente de las mujeres y luego como una importante figura política en defensa de los derechos democráticos de las mujeres
y de la población.
En 1984, a la edad de 24 años, fue elegida presidenta de la Fepomuves (Federación Popular de Mujeres de Villa El Salvador), una
de las organizaciones de mujeres más significativas del Perú y posiblemente de América Latina. Con una visión política de largo
plazo, plural y democrática, María Elena impulsó la ampliación de la cobertura de la Fepomuves hacia todas las organizaciones de
mujeres que existían en ese momento en Villa El Salvador. Así, la Fepomuves agrupa en este momento a cerca de diez mil mujeres
del distrito de Villa El Salvador, incluyendo diferentes organizaciones tales como los comedores populares, el programa del Vaso de
Leche, los clubes de madres, los comités de salud, los comités de producción, de educación inicial, etc.
En 1990, María Elena deja la presidencia de la Fepomuves para dar paso a la nueva generación de dirigentas que se han venido
perfilando en el último período en que la confrontación política demandaba de los dirigentes populares no sólo un fuerte compromiso
con las organizaciones de base, sino también, y básicamente, un distanciamiento y condena clara de los métodos de terror que
imponía Sendero Luminoso a muchas organizaciones como una forma de controlar, por la fuerza y el terror, lo que no pueden lograr
con argumentos políticos.
Con las organizaciones de mujeres Sendero Luminoso tuvo un gran conflicto: el carácter popular de las organizaciones feministas
como las de Villa El Salvador, el carácter democrático de las mismas, la clara distancia que esas organizaciones han marcado con
el uso de la violencia y el terror, la organización cotidiana por enfrentar las adversas circunstancias que trae la crisis económica del
país, son algunos de los aspectos absolutamente antagónicos al proyecto político senderista. Por estas razones es que Sendero
inicia una campaña de asesinatos, de terror, de intentos de separar las dirigencias de las bases a partir de acusaciones de traición
a la causa popular. Así, las dirigentas mujeres son acusadas por Sendero de reformistas, de colaborar con el gobierno, de
inmediatistas por sus intentos y logros en mejorar las condiciones de vida de sus familias y de sus comunidades.
Sendero no acepta que la mujer asuma un rol activo en sus organizaciones, que trate de influenciar el destino del país, que busque
difundir y educar a las mujeres en sus derechos como ciudadanas y como género subordinado.
(*) Extracto del artículo aparecido en "La República de las Mujeres" de Montevideo, bajo el título "Crónica de una muerte anunciada",
publicado en La Nación el 8 de Marzo de 1992.