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Entrevista
Esa
falsificación a la que llamamos realidad
Conversación
con Agustín García Calvo
Podríamos
empezar por la proposición de Parménides que
describe cómo las cosas son y no son al mismo tiempo.
Pero no es que primero sean y luego no sean, en una relación
temporal, o que en parte sean y en otra parte no, sino que
a la vez, al mismo tiempo, son y no son. ¿En qué
medida el lenguaje es lo que les hace ser a las cosas y, entonces,
lo que se sabe es únicamente lenguaje.
Lo que
se requiere para no perderse en las confusiones eternas de
la filosofía es precisar qué es lo que se entiende
como ser, como ser las cosas lo que son. Tal vez lo mejor
es acudir a esos dos implementos que todas las lenguas usan
con variantes: uno el de hay y otro el de la cópula
es, de manera que se contrapongan netamente frases como "hay
rosas" o "hay rosas en el jardín" o
"hay ahora rosas", y una frase como son rosas o
eso son rosas" o "lo que es eso es rosas".
El implemento hay gracias al índice mostrativo que
lleva incorporado nos remite a' mundo en que la cosa está
diciéndose, en tanto que la cópula es no remite
a tal mundo en donde se habla sino que establece relación
entre partes o elementos del mundo de que se habla. Ahora
bien, el mundo en que se habla, adonde apuntan índices
como ahí, yo, tu, allá, aquello, esto, es un
mundo que carece de cosas nombradas, de significados: es un
mundo cuya fuerza consiste simplemente en estar ahí
y para que tiene que pagar el precio de no ser nada semánticamente
definido sino solamente apuntado en el acto de hablar en él.
Por el contrario, lo que la cópula introduce es una
definición semántica del ser. Se puede decir
que entre el haber rosas y el hecho de que sean rosas hay
una pugna o contradicción incurable: si son rosas habrán
de serlo en sí, eternamente, independientemente del
momento en que ello se esté diciendo; en cambio si
algo está ahí, se hace sentir por su olor, por
sus colores o comoquiera decirse, eso de estar ahí
parece que excluye que se le pueda aplicar un término
semántico como "rosa" o ningún otro:
lo más habría derecho a decir que hay algo,
que pasa algo, aquí o allí o donde sea.
Pues bien,
lo que se toma como realidad de ordinario, y también
en la consideración científica, es una especie
de componenda entre esas dos cosas incompatibles o contradictorias:
se entiende por cosa real algo que al mismo tiempo lo hay,
está ahí y, a la vez, es denominable con un
termino semántico, o sea que tiene ser. Así
también, de una manera ejemplar -la teología
mas avanzada-, Dios tenía que ser el ejemplo supremo
de ser, esto es, el totalmente definido y, al mismo tiempo,
tenía que estar presente en el mundo en que de El se
hablaba, lo cual lo condenaba a la infinitud o indefinición:
era así esa componenda de la contradición como
era el ens realisimus; y del mismo modo toda cosa, y entre
ellas yo mismo en cuanto real, nos sostenemos sobre la pretensión
imposible de, al mismo tiempo, estar aquí y podérsenos
señalar con el dedo en un momento y, a la vez, ser
cada uno siempre lo que es. Y naturalmente la Realidad en
conjunto no es más que la consagración de esa
componenda entre el mundo en que se habla y el mundo de que
habla.
Cuando utilizas el término "componenda"
lo haces entonces en el sentido de compromiso falaz...
Muestro
la contradicción. No es posible al mismo tiempo que
yo sea éste que está aquí en este momento
y que, al mismo tiempo, sea quien soy. No es posible y sin
embargo esta imposibilidad es lo que me constituye como ser
real, lo que me hace pasar como ser real, es decir, no solo
uno que dice, sino uno del que se dicen cosas y al que se
define. Es un compromiso y simplemente ha y una razón,
una razón común, el lenguaje mismo que denuncia
su obra, que demuestra que este compromiso no es verdadero,
es decir que, si se quiere, ese compromiso no sólo
es real, sino que es la realidad misma, pero, al mismo tiempo,
es no verdadero para la razón.
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