NAVAJAS EN EL PALADAR

por Jorge Eslava

tres cuentos-monólogos extraídos  del libro “Navajas en el paladar”, Radda Barnen, Lima 1995
 


Segundos afuera - Reina de Corazones - Heraldos Negros
 
 
 
 

SEGUNDOS AFUERA
-Para Tatán-
 

Puta, me estoy viendo sobre el entarimado. Botines rojos, pasadores hasta la canilla y sin medias. Medias usan los rosquetes, me repetía el entrenador del albergue. ¿Quieres ser un fajador de la gramputa? Tienes que sentirte jodido desde las pezuñas hasta el cogote -insistía mientras me sacaba las vendas-, así crece tu rabia y te revienta por chancar al gil que tienes al frente. Recuerda que la huevada, allá arriba, es cosa de odio. Yo conozco la clemencia, el resentimiento, la venganza, pero no el odio. No el odio. Será por eso que he perdido tantas peleas y ahora fumo. Hago humo mis horas de entrenamiento, saco de arena, sombra y cuchumil abdominales para esto. Vacilón nomás. Me he alucinado una bata con los colores más chéveres: azul eléctrico con rayas recontranegras, gruesas y delgadas como chuzadas en el pecho. Un rostro. Unos ojos inmensos saliendo de la oscuridad de un túnel bordado en el aire. En el aire de la noche. Hay miles de caras abajo, señores muy respetables, gritando como locos mi nombre pugilístico. Yo sólo veo tu rostro, bello y arrecho. Una mariposa de sueño blando. Misma Charon Ston en Bajos Instintos. Qué bajo has caído, china. Labios entreabiertos queriendo lamer mi dulce sudor. Ricas gotas en la frente, el cuello y las axilas del campeón. Sal de la vida, chibolita. Sudor de calistenia, del uno dos en el camerín, de los golpes en las manos ahuecadas del entrenador, del juego de cirunta. Del clinch y ampay me salvo. Yo, el campeón peso pluma. Rey de reyes en mi categoría. Cinturón de oro venticuatro en mis manos alzadas para que lo vean mis patas y tus ojos en desbande. Tú, un rostro lindo computado a pedazos. Ojos de gata en el callejón. Piojos de rata en el corazón. Gata en celo de los Portales de la Plaza. Mis cincuentaisiete kilos de músculo y soledad entran por el hueco negro donde están las rejas de la prisión. Cabellos duros en el viento. Duros como puñetazos. Tu pelo enrulado y caído sobre los ojos grandes castigan tus pestañas oscuras. Nocau china. Rubia al pomo. Ya no quedan cholas en la ciudad, huevonazas. La Carpa Grau es pura serrana oxigenada. Por qué no pueden quedarse como son, pero mejores. Pero mujeres. Qué chucha sacan imitando lo que uno no es. A mí me vacila ser negro. Grone, mamita. Así nací chiquito y así me planto. Más ritmo, más trola, más saborrrr. Negro es color de fulero, de finta brava, de cojones. Arriba Alianza y Mario Broncano era pulenta. Zambo malogrado. Lo conocí en Maranga, tiraba golpe corno mierda pero el vicio lo cagó. Fumaba a forro. Hazte famoso, le decía el DT, como Taison. Pero Taison era otra nota. Más agarrado. Peso completo y el muy animal chapó a su mujer y la dejó hasta las huevas. Estaba huasca y ahora tiene que comerse un kulo de años. Paga tu cana por abusivo, zambo. De mi barrunto, un kulo en cana. Peloteros y mechadores. Porque los negros somos lo máximo. Pero estamos cagados. La miseria y el vicio nos llevan a la perdición. Estamos jodidos, conchesumadre. Gente linda, de Huatica y de Renovación, del parque Cánepa. Jodidísima. Por eso fumo, me prendo mis cachos y estoy en otro mundo. Soy negro, causita, ¿algún problema? Te cagas de miedo. Lo siento en el cuadrilátero cuando me cuadran a un blancón. Respiran como jermas arrechazas. Primero te marcan el color. Negro, la cagada, dicen. Y te chequean el cacharro. Así cortado se te chorrean y tú lo sientes. Bajan la mirada y computas que no se atreverán a calzarte un buen golpe. Clemencia, piden. Demencia. Se me hace agua la boca. Ofendo, rujo, escupo y el rival es un agraviado sin esperanza, enmarrocado a mis dientes de piraña. Estoy ganado, me digo, y lo agarro tercio. Hazme famoso, mierda. Como a hijo le doy. Y que me crezca. La fama y el billete. La libertad. ¿Quién me presenta esa puta?, decía Lobo. Y era su nota La libertad no tiene precio pero yo me planto, choche. Por mi chibolita, juraba siempre. Por mi madrecita. La Lucy es la madrecita de todos. Por ella se plantaron un kulo. Ahí está Majalay vendiendo cassettes en La Colmena. Terminando el cole. Parándose, carajo. Un ejemplo chévere. Plántate Lobo. Ya eres tío. Olvídate de la Plaza. Plántate por tu chibolita. Por la Lucy... la Erika. Por tus cochos. No me gusta esa esquina. Me llueve golpe. Golpes bajos y me duele el riñón cuando meo. Vomito entre los rauns y las ratas me muerden las tabas, el pecho. Y fumo para olvidar. Chupo para olvidar. Pero quién puede olvidar si te revientan el bobo y no suena la campana. Y caes lentamente con tus recuerdos. Mi viejo era huanuqueño y mi viejita negra, bien firme. Se deslomó por mí y él se chupaba el billete con sus patas. De trampolín iba el puta hasta que se quitó. Creo que está guardado y ella tuvo fe en su chibolo, pero la he cagado. Rumbero, pendejo, mechador por las puras. El supremo asco de esta humareda me envició. Así soy y no pasa nada, causita. El tiempo se queda flotando en el humo como una gasa. Qué lentitud desnuda tiene el pastel, rnariesmiamor, el pegasán. Estoy volado, causita, en cero como tú. Soy otro, envejecido y sin gloria. Fuera del tiempo. Los minutos no pasan. Tengo graves lesiones y estoy pegado a las cuerdas y golpeo a la mandíbula, al torso y recibo un castigo de mierda como si fueran los palos del tombo. Batida a forro en la Plaza. Corro por la avenida, cruzo, llego a la Reserva sin aire y el tiempo no ha pasado, como en el ring, y no la libro. Del pelo me tienen, por las puras me chancan, me arrastran al gusano y amanezco en la Quinta con Manquito, Lapicero, Verrugoso. Toroloco no está, se bajó con veinte lukas y lo soltaron. Y en la celda apesta a mierda y hay rabia porque el tiempo no pasa. Qué lentitud desnuda flotando como gasa, como pelusa, como pluma. Yo, campeón peso pluma cagado en el combate. Por asalto. Diez asaltos por pelea. Quince cuando sea profesional. Toda mi vida de boxeador. Asalto tras asalto y demora la campana. Se le ha pegado al juez como a mí el terrokal. Maldito vicio. Que me despierte el bronce. Prefiero los cueros. Ya te conozco, bacalao, me canto solito. Miseria de amor. Doblan las campanas en mi soledad y aparecen todititas apestando a verracas. Cómo les pica la marucha cuando me ven en su delante, espigado y musculoso como dice el DT. Y las jermas se me echan en los tonos. Cualquier música, igualito es. A Chacalón, que en paz descanse, lo estoy escuchando con su Nueva Crema. No es muy fácil perdonar a la mujer que uno ama / Son cosas de la vida, imposibles de borrar / Aunque me encuentre muy lejos no podría yo olvidarla / Ni tampoco perdonarla, ella se burló de mi cariño Me muevo como una bestia, como un caballo que le han metido aguja para que destroce en la carrera pero sin perder el paso chévere, la sabrosura morena y tú te me chorreas, chibolita. Puta que soy lo máximo, impresiono. Purito juego de piernas. Y si me ponen un boleracho, un cantinero de Iván Cruz, el Don Yonson del Agustino como dice mi causita Cachaloca. Dime la verdad y quítame esta duda / No quiero sufrir más, no deseo una aventura / Di que estás mintiendo, que siempre me has amado / Que siempre me has querido corno yo te quiero a ti. (acá viene un punteo de guitarra de la putamadre) La vaina es suave, misma culebra para que la sientas y no me dejes nunca. Nunca, chola, que si no, me abro y la cagada. Tú sabes cómo es la vena. Recuerda a Mosca, el finadito, yo te conté cómo se chuceó en mi delante y por esa malnacida que no vale ni un puto sol. Sol, ya no te veo. Desde que estoy en esto del box se me cerró el cielo y estoy jodido, ya no bajo a la yapla como antes cuando tú movías tu culantro, misma yegua, tus ancas de reina bamboleantes que cagaban gente (equilibrio hacían por el caminito del barranco para no caerse) y tú te reías, coquetaza. Cómo te encantaba lucirte en ropebaño. Demasiada carne alrededor de tu alma chusca. Caderona. Nubes como mamas y nalgas tuyas me persiguen en este hueco sucio. Sucio y grande lo tenías. Un mastodonte en el ring. En el cuadrilátero del amor, donde caen todos los ángeles de la Plaza. Eras mi cielo, mis estrellas, mi polvo lunar. Pero no fuiste nunca cuando estuve en sombra. Tu recuerdo me olía a leche de tigre, a conchas negras, a pescado frito. Las olas del mar tenían siempre tu recuerdo. Cariño malo. En la yapla te sentías una sirena en su isla privada, la Mis Universo de Aguadulce, del mar con caca de la Costa Verde. Con tu piel quemada, tu pelo pintado y tu ropebaño roja. Rojo es color pasión y así me ponía con la soga, el seguido en la pera y mis guantes rojos. No, mejor negros para que brille la sangre. Subía al entarimado y era como estar en dernencia. Con rencores, recontragresivo, sin miedo porque la vida no vale nada. Por la Plaza Castilla hay una cantina que así se llama. En el humo vuela una santa madrecita que te llama y es la muerte. La parca es una palabra hermosa que nadie pronuncia. Nunca más quiero ver sangre pero la vaina, allá arriba, es a muerte. Como la vida en cana. Si pestañeas, mancas. Igualito es. Cuando estoy entre las cuerdas me computo en el penal, solo en medio de una Plaza sin portales ni bancas ni gente. Condenado para siempre por el juez. ¡Tus papeles, mierda! Mucho floro en ese ambiente. Te chamuyan y te meten el dedo. Entonces pides como en el bolero mozo déme otra copa y que se ponga al frente ese gil para medirlo, quieres meterle una paliza de la gramputa y demostrarles a todos que tú eres el macho, el más maleado, el duro conchesumadre. Pero es por las puras, a la franca, porque tú sabes que la lucha es para saber quién está más misio. Más jodido. Liquidado antes de la cuenta de protección. Toda la vida es una finta, un gancho de izquierda. Un hueco negro como éste, donde caes y caes lentamente. Porque la pobreza gana siempre la pelea y uno siempre pierde. Y tú no viniste a verme cuando estuve en sombra y por eso fumo, con dos puntas, acá en La Parada hace varias noches. Mírame con Huevito y La Limeña, cada uno en su nota. Mírame cómo caigo con ellos. Noche de reyes. La Parada es buena para el laburo pero más chévere para el vicio. Una temporada en el infierno de mi soledad. Por eso vengo acá a recordarte, china, con mi humo gris y mi trago. Recordar los éxitos del box que sólo he tenido en desbandes. Hasta morir, hasta morir y quién me saca de este túnel negro. Oscuro túnel bordado en mis lágrimas, para decirte que tú eres las paredes de este hueco, su piso asqueroso y el aire a sudor, a miseria de amor, a derrota que trepa a mis ojos. Quién tira la toalla, por fin, para plantarme de esta mierda. Te beso, chola. Beso la lona. Fea nota, fea hasta las huevas.

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REINA DE CORAZONES
-Para La Limeña-
 

Suspiraba. Negro pecado, decían las monjas. Suspiraba flores pero me hacían persignarme para que limpie mi alma sucia. Más sucia era la puta que las parió. Rézate el rosario enterito, seis avemarías y cuatro padrenuestros. Por mi culpa, por mi culpa, por la grandísimamierda que eran las monjas en el albergue. Computa ahora cómo me han recontracagado más al fondo del bobo, en el espíritu. En el alma que no es mortal como los huesos, sino pulenta corno el aire del pegasán. Aliento de desbande donde cuelga la balanza del bien y del mal. Todo para ellas eran deseos malos. Mentiras, fornicaciones, hurtos. Yo era una chibola sana y buena, sin ganas de faltar a nadie. Tenía mis vainas, como todas. Me vacilaba estar chévere, con mis aretes y mis sombras de colores. Con mis sortijas, mi golfis y oliendo rico. Como pituca, como artista extranjera. Pero para ellas todo sueño, toda ilusión, eran deseos malos. Satanás es la serpiente, repetían, Eva la tentación. Y nos miraban como si una hubiera estado en el paraíso con el mensazo de Adán y la maldita manzana. Me recontracagaron con tantos sermones, castigos y culpas. Nos chamuyaban sobre el cielo y el infierno. Este lugar, decían, es como el purgatorio. Van a salir purificadas. Más falsas. Me recuerdo bien cuando castigaron a la Maríapanzona, pobre jerma, sólo porque guardaba una vela bajo el colchón. Un piojito de vela blanca. Le vacilaba leer de noche, sus cartas y sus novelitas de amor, cuando apagaban la luz de Ja sección y todo era una tumba. Ella prendía su vela y no jodía a nadie. Leía un kulo, casi toda la noche se la pasaba leyendo. Un día no tuvo y por eso se peló una de la capilla, una vela chiquita y tronchada. Me recuerdo que me preguntó si sería pecado. No creo, chola, y suspiré. Suspiré flores para su perdón. Pero por las huevas. De nada sirvió porque la monja alucinó al toque que era para meterse la tripa, para empujarse un polvo. Pobre jerma. El pecado mortal de la masturbación. Conciencia sucia, sucia. Negra como sus trapos, como sus tabas, como sus intenciones. La Maríapanzona se comió tres semanas chambeando más que todas en el servicio, en la cocina, en el ñoba. A la franca, más que todas juntas. El rascarasca de seguro las loquea, decíamos. ¿Cómo harán el chacachaca?, y nos cagábamos de risa. ¿Tendrían el chupe pasado, como decía la Búha? Trataba de no carburar ni mierda. Nos decían siempre: también se peca con el pensamiento, con la imaginación. Y yo me iba en caldo con mis oraciones. Un chuchonal de rezos después de chamuyar la verdad, a la firme, en el confesionario. Comencé a decir huevadas, mentiras bonitas para pasar piola y me guardaba mis sonseras, mis afanes. Los mariscas del deseo. Podridas machas tuvimos que tragarnos en el Santa Margarita la semana que se jodió la corriente y mandaron a la Marisol al botecito por haber enchufado esa huevada. Suspiro. Suspiro flores para el perdón de todas: la Blanca, la Elena, la Marisol, la Cereza, la María, la Nancy, la Carmen, la Victoria, la Norma, la Luzmila y un kulo más que no me recuerdo. El Señor las tenga en su Santa Gloria. Especialmente a esa chibolita que la mandaron a Paz y Bien y después corrió el talán de que la habían fondeado por sonsita. Le dieron vuelta por no guerrear como hacíamos todas. Aunque yo creo a forro en la religión, en el Diosito del cielo, en la Virgen Santísima y en el Cristo Hijo de Dios. En la Sarita Colonia y en el Señor Cautivo de Pomacancha. Pero en las Monjas Eucarísticas, las huevas. Nunca me perdonaron mi secreto: un jalón a los trece no tiene perdón de Dios. Me sermoneaban delante de todititas, sólo para joderme, estás condenada al fuego eterno. Yo no quise, lo juro madre. Igual estás condenada, con de na da, con de na da, con de na da. Me perseguía la voz como cuando me agarra la pensadora -Diasepán y Reynol son pulentas pero culpables- la angustia se hace un bulto en la garganta y en los ovarios. Un bulto enorme que se desfigura y choca contra las paredes y el techo del hogar, como si fuera un berracón al fondo de la bolsa que fumo ahora con placer y hace harto ruido. Me sicosea este ruido de demencia, de tute, de batida a forro. Prefiero no chupar. Me da la llorona con el trago (LA PEOR RESACA ES LA CULPA, escribí una vez en el ñoba del albergue) y estoy ahorita en el albergue, no tengo visita y las machonas me bailan en los ojos, me quieren tirar consuelo y tenerme entre sus piernas gordas, peludas, come) el pecado. Toda injusticia es pecado. Lo sé porque yo leía el Nuevo Testamento y creía en Dios Todopoderoso. Hasta hablaba con él. Le decía Diosito de la Paz y del Perdón, dame tu bendición. Sácame del pecado. El pecado es el diablo. Sácame de misia. La miseria es el diablo. Otra vez, sácame de misia. Quítame esta cicatriz que me hace odiar. No quiero odiar ni laburar ni empegarme. El vicio es el diablo. Como mi padrino. El mismo diablo. Como la injusticia, como la miseria de este hueco. Como los recuerdos y este par de cachos metidos en mi cuerpo. En mi cuerpo tercio, polla en el Sabrosito y en los tonos de Lampa. Polla en el albergue, corcho libre, requisitoriada y dos ingresos. Mamita del ritmo, salsa y tecnoroc en El Dorado. Piola en el cole sólo hasta quinto grado por violación y embarazo, pero soy de nadie. Linda como la Reina de Corazones. Chévere como la Alejandra. Pero nunca linda por esta maldita cicatriz en el cachete. Río de espuma en tu piel canela. Estrella fugaz, lágrima de ceniza en tu rostro. (Así me escribió un día Huevito, poeta pulenta) Un cabro me metió un picazo y me jodió. Veintitrés puntos en el Dos de Mayo y una chuceada para toda la vida. Acomodo mi pelo para solapearme, mi pelo lacio y negro como el tuyo, Alejandra. Te computé la primera vez donde la tía de Grau. Tiraba mi caldo de gallina y tú en la tele con tus pantaloncitos calientes, tu correaza y tus botas altas de cuero. Regresar cuando el alba pide mancha mojada en alcohol / Con la voz raspando como piedra de lava / Inventar contratiempos de celos siento me encuentro fatal / Salir de noche apurando a tope la imaginación / Libre de cadenas quiero vivir contracorriente casi peligrosamente por el filo de la navaja Alejandra, he leído un kulo sobre ti en las revistas. Eres chévere y huasca como yo. Chata y pechugona. Madre soltera. De seguro serías una palomilla entre la gente y los carros que bajan por la Reserva. Hábil para el arranchón y el lance. Coquetaza para el sajiro de los tombos y los giles de las cantinas. Cuero negro, cerquillo salvaje y mojado, boca de azúcar. Besarás con quemadura de veneno y miel en la noche de la iguana. Como en tus canciones. Noche de mariguana y eternamente bella. Hechizo de gitana, como yo. Reina de Corazones. Bravaza con mis botas por el parquecito del Cheraton y por el Riviera. Nunca ruca, chuchumeca. Charlis para mis pepas y harto coco. Suave con mis guantes de seda en La Parada como ahora que me armo un cachito. Reina de Corazones. Distante y lejana. Pasión de pasiones. Sueño de todos. Propiedad de nadie. Provócame. Suspiro. Suspiro rosas rojas para que trepen por el humo. Humo de la iguana. Como río negro. Agua de mariguana. Soy, la Reina de Corazones. El deseo. La manzana del paraíso. Las monjas me persiguen con zapateras y picos de botella por la Cachina, achicándose y creciendo como los gallinazos, y tú, Alejandra, eternamente bella cantas desde el cielo. Sola como una estrella abandonada. Como una Reina de Corazones. Sola como yo en la Plaza, con el sol a forro y apestando a sudor. Completamente sola y misia. Empepada, sin viejos y sin colegio. Y la sombra de mi malafacha es la culpa, la tenta. Jamás la reina. Ni la princesa encantada con esta maldita cicatriz, cabro de mierda, injustamente bella. Por las puras lloro, sueño con la muerte, llevo mis huevaditas que compro en Polvos para ser linda, en Mesaredonda para ser la más bella de la Plaza, del Centro de Lima, de la República y cantar después como la gramputa para que me adoren. Firmar autógrafos. Para que me quieran. Un piojito masque sea. Suspiro flores húmedas y arrechas por mis huevaditas. Un chape con mis labios de fuego. Yambal. Lápiz labial duradero (38 tonos para escoger) y llevo un kulo de lápices para ojos en mi canguro fucsia. Muñoncitos. Retazos. Piojitos. Los acomodo como las rejas de la Reserva para chinearlos. Delineadores ultra 2000. Tratos que realzan mi mirada. Mi mirada de piraña en la noche. Mi visión perdida. Yo no pinto al escape ni mariposeo. Sólo empepo y chapo una grande. Mis ojos peligrosamente lindos e n las cantinas. Seis chelas con el gil y seis tonos para mis ojos: ébano, tinto, esmeralda, carmín, cereza y canela como mi piel. Dura piel pero lisa todavía, pulenta, sin arrugas ni chuzos. Mentira. En La Colmena compré este frasquito a cinco lukas. Concha de nácar para mi cutis. Grasa de muerto es mejor pero ni amarrada voy a La Morgue. Quiero borrar esta cicatriz. Flor maldita. Suspiro. Suspiro flores marchitas porque no llegaré a los treinta años para no ponerme charki. Las cochas son feazas, se enferman, se mueren como perras. Como esas perras que les cuelgan las tetas y andan hasta las huevas de sarnosas por Tambo de Belén, por donde balearon al General. Ahí cerca de la Plaza y yo no soy limeña. Vine aquí a chambear con mi padrino, en su negocio de la Parada. Mismo diablo. Me rompió el pito, conchesumadre. Un mionca me trajo de Satipo. Provincia de Junín, distrito de Río Negro. Tierra del dengue y del deseo. Pastelera y miserable. Tierra de una enfermedad castigo de Dios llamada lepra y me quité de mi jato para no contagiarme de mis viejitos que se caían a pedazos como si fueran de arena. Era chibolita y lo que más me recuerdo es el calor de mierda como el calor de este hueco donde fumo aforro, maleteada y en cuclillas, para traer un piojito de penas y alegrías a la memoria de mi cuerpo. Cuerpo con una cicatriz maldita en el cacharro, con un jalón maldito a mi chupín pitito de doce años. Por eso ya nunca podré ser linda. Linda como la Alejandra. Con sus botas y sus guantes de seda, con su casaca negra y su cerquillo libre como el viento. Libre por mi culpa, por mi culpa. Por la grandísimamierda que me ha recontracagado el cuerpo y el alma. Suspiro. Suspiro flores para mi tumba, Reina de Corazones.
 
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HERALDOS NEGROS
-Para Huevito-
 

Me meto un clavo, broder, para rajar mi fruta de gemido. Mi carne de llanto. Soy floro y me vacila mandarme mis cachos. Vuelo a las palabras, herido y liberado de mis veinte años. Fatales para mí. Agarro cráneo y me encebollo. Me zampo trago aforro. Vámonos, cuerva, a fecundar tu cuervo. A chupar lo ya chupado. Cienfuegos, para empezar la noche. Cienfuegos, para matar la noche de tu ausencia. Noche al rojo vivo, sin ti, falsa, sin ti. Para que los dioses hablen de tu maldito recuerdo estoy prendido, durazo y mastico la yerba, me como el humo y cago candela por ti, tramposa, pero no te perdono. Porque soy el poeta del infierno, agazapado para saltar a tu nuca -un incendio desparramado a golpes de viento- y morderte de amor, por eso vengo acá a chorrear mi mejor lloro. Qué alucine de hueco, tenebroso como tu pelo, pozo negro donde las ratas se mueven corno burras del penal y cruzan el aire trayéndome un kulo de pasta para secarla en mi pecho. Podrida soledad. Donde armo mis ketes y peino un cachufley a tu medida, negocio y les saco la vuelta a las burras. A las ratas que atraviesan esta sombra como tus cejas. Y las miro despacio: son putas que olisquean las tabas de mi broder como bolsillos de un transeúnte. En el fango con cáscaras y huesos. Me vacila agarrarlas del rabo y acariciarlas como si computara algo rico -tu chupín, tus tetitas de perra, tu kekazo- y les meto letra a forro. Sale suave, mínimo esfuerzo. Pastel de rata. Fúmate una, broder. Un mixto de rata y cucaracha para que alucines como yo esta columna de humo que me suplica con sus labios rotos. Reventados como la rueda del hambriento, extraña forma del pavor. Háblame bonito, en círculos y arráncame de esta bruma. Bruma picante de perdición. Esqueleto atroz quítate del frente. Columna de humo donde rayan tu ausencia y tu recuerdo. Fatales para mí. En mi garganta nacen los muertos y los dioses. Todos libres a mi entera concha. Tú estás sepultada al son de mi alma y hay otro muerto cautivo. Llorado más allá del final de la noche. Voz de mis bronquios cagados, de mi altiva palidez de la gramputa, de mi prolija borrachera de poeta fuera del papel. En el silencio. Estoy, pegadazo a otras huevadas que me he comido en las calles serán páginas de un libro inmortal. Un libro para andar derecho. No te lo pierdas, broder, pasa lista a tu desgracia y ponle floro. Es mi vida. Y no puedo evitar de decírtelo. Mailaif, cielo sucio y una estrella perdida en la piel de 121 noche. Piel de la noche como tu cuero y las cinco puntas de una estrella perdida: la marimba, el trago, el pastel, el terrokal, la vaina del sexo. Cinco puntas que son mi ambiente y por eso agarra pista mi verbo de poeta pulenta, una llave para los candados de tus piernas. De poeta fósforo y fulero, respetado en La Parada, en la Reserva y donde chucha quieras, a pico de botella o a puño limpio. Lo mismo es. Ya estoy harto de esta vida. Nada efe mechas, quiero mi nota tranquila. Sin mote. Soy un cazador en un bosque y preparo mi marimba. Con cariño, con inocencia rotunda. La enviciada brava. El rico placer del desbande. Un poeta en el caos que prende tu corazón, tu corazón de moño rojo. Tu bobo, chola, yerbamala de la Reserva. Otro cacho, broder, que quiero fumarme todo el yuyo de mí jerma. Pero no hay perra que me ladre ni jerma que me cuadre y vuelo como un pájaro herido, frikiado a las palabras, más libre que la mierda. Un poeta maldito como un pecado de amor. Tal tez sirva este amor como un ejemplo a todos los amantes que han pecado. / Voy a cometer un pecado, pecado ante los ojos de la gente, que juzgan sin saber y no comprenden que pecado no es amar y ser amado. (Alci Acosta es la voz, en el Sabrosito y con hartas cajas) Un poeta maldito pero dulce en tu lengua, ácido en tu paladar. Catre para tus caderas y la rosa de tu sexo. Un hombre bueno pero en demencia y con un miedo terrible de ser un animal que tosa y no escriba. Que sude de vergüenza y no escriba. Que la cólera le quiebre los pulmones, escupa sangre y no escriba una puta línea. Porque esta amanecida tiene el dengue y la humillación de la hoja sin alma. En blanco como un pañuelo. Como el pus que sale de esta herida y no se cura jamás. Su mala racha, su doble filo de estar en algo y no poder hacer ni mierda contra el silencio. Me sobra la desgracia, broder. Quiero llorar y no me dejan. Chucearme a la altura de mis propias penas. Más valdría acabar y que seto fumen todo. De qué ojete sale tanto humo y no me empepo. Reynol es una cagada y me da náuseas y prefiero la humareda del pastel subiendo por la noche ardiente como si computara el incendio del paraíso. Y el incendio del paraíso es el fin del inundo. Las llamas en la Plaza y los chibolos trepados en el caballo de San Martín y tú corriendo como loca por los Portales. Batida a forro de cachacos. Nos gorrean, nos suelean sin piedad. Fatales para mí. No hay clemencia para nadie. Todos pagan pato. Tú lo sabes, broder. Golpean con la culata del tubo y meten bala. Me sale del alma: Criminales jijunagramputa. Anteanoche patearon a la jerma de Lapicero, en la panza, a la mala y duro con un palo, duro también con una soga. Eran tres pacos y la hicieron abortar. Al lado de las bancas la dejaron temblando, sin aire y chorreaba sangre como mierda. Demasiada sangre, broder, para toda la Plaza. Demasiada para sanarla con un bisturí, con una plegaria. Con dos puntas la llevamos al Dos de Mayo. Hospital pulenta y Lapicero se loqueó cuando Robachancho se lo dijo. Se puso demás. Casi se catrea en la Primera donde estaba encerrado con sus patas, tan desesperado y tan solo. Pero la vida da vueltas y tiene sus milagros. Por eso ya no me chuceo por ti, ni cagando, aunque Chupijel me joda -siempre metiendo cizaña, cachiruleando- que estás en los hombros de un tira. Solita te has embarrado y en el Parque te quieren abollar por atorrante. Tampoco lloro por ti, sino por mi broder. Chupo por el finadito hasta morir, hasta morir como dice mi broder campeón peso pluma que vino conmigo y una jerma más a meternos una peligrosa. Una malograda al rojo. Retroceder nunca, rendirse jamás. Empates como antes: Carachita y yo, dueños de la noche. Por las calles de Kilka y Camaná nos computábamos duros de matar. Los muertos sólo vuelven para alumbrarnos la vida, decías. Y desde el fondo vuelves como si fueras el genio de la botella, genio malandro, pero chévere, genio malafacha pero causita. Ahí estás, broder, hundido en mi corazón solitario como todo escritor a la franca y ésa es mi cábula. Mi chamba, mi descarte para el porvenir, mi fatalidad. Tú todavía me lo recuerdas. A la hora del hambre. A toda hora. Un poeta de la gramputa, con su máquina de escribir y su libertad. Que diga cosas jodidas que lleguen al bobo. Como en los boleros. Porque la gente se muere por hacer huevadas pero no por hablar. No seas menso, me decías, en esta ciudad es recontrapeligroso soltar la lengua. Eras bien chévere con tus ideas y tus revistas viejas. Y tu corazón. Se apolilla mi paciencia. Para qué tanta fufulla y tanto llanto si estás ahora en el cerro de Cantogrande, mejor que uno, fondeado y finado para siempre. Ay, Carachita, te metieron bala por terruco y quién sabe si es verdad. Pero no te entregaron a tu viejita y velamos tus ropas charcherosas en la Plaza San Martín con la Banda de Ángeles, con la Lucy y la Klea más. Perdóname, broder, me dan miedo  las sombras, pánico la muerte y odio esta suciedad que te baleó por tus orejas de chico misio. La tombería no sabe lo que son orejas de chibolo, demasiado pequeñas para la tierra y para la sombra. Fatales para mí. Quiero llorar de rabia. Yo no chamuyo como los abogados ni los jueces. Malparidos y choros, decías, sólo maletean al que está recontracagado. Cosa terrible. Si no lo sabremos tú y yo, que nos comimos tantas noches en cana y algunas en el bote donde jodí mis pulmones. Nos tiraron dedo y nosotros no somos fierreros, señor juez, pero igual jódanse. Y pagamos un soplo, sin investigación ni ley. Cosas del destino. Porque el destino, broder, es una desgracia que nos resbala. Y el Luri es pura basura. Desperdicio de tiempo. Estancado cielo sucio. Bazofia para los indigentes, así decías cuando hablabas de los curas pero eras bien devoto de la Sarita Colonia y llevabas una estampita una vez escribiste en las paredes de la iglesia de la Plaza Francia “VIVA LA BANDA DE ÁNGELES. Caracha lll”. Soy el nuevo Papa y te cagabas de risa señalándome la firma. Más cráneo que la putamadre, mi broder, mismo catedrático y yo aprendía un kulo de pensamientos y autores de libros famosos que comprábamos en la avenida Grau y leíamos en la cantina de Zepita, un hueco tranquilo. Nos vacilábamos mirando revistas de calatas al salir un poco huascas, lateábamos hasta el Parque y no parabas de ]orear. Tu viejo sabía como mierda y te daba libros, te chamuyaba. Tenías catorce años cuando desapareció y nadie supo nada y tu vieja agarró viaje con un gil recontrabusivo. Te quedaste solo y entonces te viniste a la Plaza y tirabas moco a cada rato. Seguro le dieron vuelta los cachacos de mierda, decías. Y yo empecé a escribir en un cuaderno un kulo de poemas que la tía de la Colmena me guardaba hasta que caí en cana, tramposa, y mandé todo a la mierda porque eran para ti. Y yo era Vallejo. El cholo universal. Tampoco, tan poco. Callado y triste, con sortija y bastón, pero escribía para el pueblo. Comunista, decías y recitabas en voz alta: Hay golpes en la vida, yo no sé. Golpes como el odio de Dios. Como si ante ellos toda la resaca se empozara en un charco de culpa en la mirada. Yo no sé... Puta, yo no sé más. No pasa nada, broder. Pero cuando me toque plantarme y llegue el día de mi suerte, seré como el cholo y ya nunca más el Huevo Conchesumadre de Los Portales. Poeta pulenta, para que me oigas como ahora que estoy ganado. Por eso el desbande lo paro yo: veinte ligas y un par de Cienfuegos. No es mucho billete. Lo demás es caleta. Ahorro para mi hueco y mi panasonic y libros como mierda. También un retrato. Ya viene el día de mi suerte, broder. Ya lo presiento. Nunca más el Huevo de Unanue del Parque Universitario ni el de la Cachina que no se vende por nada (porque la libertad no tiene precio, ¿verdad Lobo?) Jamás de los jamases el huevonazo en la Primera, la Quinta, el Albergue, el Luri. Fatales para mí. Porque sufro este dolor, solamente, al margen de mi doro. Si no fuera artista, también lo sufriría. Por todos los de la Plaza. Por esta columna de humo, broder, que no podemos bajar. Enviciada como la del Palacio de Justicia, dolor clavado en medio del Paseo de los Héroes Navales y creciendo entre chibolos, mendigos y pobres gentes. Fatales para mí. Chupo para encaballarme y guardo en la gruta de mi paladar las navajas calientes y perdidas para un libro. Un libro que estalla en los huesos secretos de mi cráneo y rompe mi corazón. Amados seamos nosotros bajo esta columna de humo que aumenta en tu silencio, broder. Amado seas con chinches, sin cumpleaños, con tu zapato roto bajo la lluvia y tus pasos de chibolo bien chévere. Pirañita y caballero. Finado para siempre. Que en paz descanses, ya sin tamaño tus tobillos y en tu oreja el cartílago más bello. Te escribo por eso, te medito: No olvides en tu sueño de pensar que eres feliz. Yo estoy mudo como una piedra y más mudo todavía recordándote con un libro grande de poemas en mis manos y la depre es una araña que me me sube por el pecho, una araña enorme con sus patas de clavos. Y es el kulo de clavos que me meto, broder, para que me oigas. Floro, con mis cachos y mi roncito. Compútame en mi puesto de combate. Última frontera en la vida de un chico de la calle como tú y como yo. Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga. Pero tú estás muerto y yo solo en este hueco, soñando la historia que algún día escribiré. Mi experiencia recontramarga y mi talán. Mi advertencia, broder. Navajas en el paladar. Cosa bravísima. Heraldos en mis labios para los misios y los jodidos. Fatales para mí.

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