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Alpacas y ovinos
andinos: de genuino sabor natural
Hoy, cuando los cánones
de la sana alimentación nos hacen apreciar los alimentos bajos
en grasa y producidos sobre bases naturales, se revalorizan aquellas carnes
que proveen los comuneros campesinos de las alturas del Ande. Nos referimos
a las carnes de alpaca y ovino, las cuales son menos grasosas por el obligado
trajín de dichos animales en las agrestes montañas y cuyo
aromático sabor se debe a los pastos naturales de los cuales se
alimentan.
Los antiguos pobladores
peruanos fueron hábiles ganaderos. Domesticaron animales como la
llama y alpaca adecuándolos a los diversos ecosistemas y convirtiéndolos
en fuente importante de su alimentación. Cuando los conquistadores
llegaron, encontraron grandes rebaños de camélidos andinos
en los andes e inclusive en la costa.
Los españoles
trajeron consigo animales como la oveja, la vaca, el cerdo y la gallina.
Este tipo de ganadería se impuso en la costa y en las partes bajas
de los valles interandinos, limitándose la crianza de los auquénidos
a las punas. Los animales traídos de España tuvieron dificultades
para adaptarse a los rigores de las partes altas de la cordillera. Quizás
sea la oveja criolla -denominada wacho- la que mejor supo adecuarse a
dichas alturas, a las inclemencias del tiempo (heladas, sequías,
etc.), a la rusticidad de los pastos y a los avatares de la economía
campesina. Ello determinó, que junto con los auquénidos
(e inclusive superándolos en importancia relativa) se convirtiese
en base de la economía campesina.
Durante mucho tiempo
primó un desprecio por la ganadería campesina. El consumo
de la llama y de la alpaca fue vista como "cosa de indios".
Por su parte, la carne de la oveja criolla era cataogada de calidad inferior
en relación a la carne de razas "finas" importadas, como
posteriormente lo fue la merino. Sin embargo, en los últimos años
se ha venido produciendo una revalorización de la ganadería
del Ande, y destacados centros de investigación y promoción
del desarrollo vienen impulsando proyectos de mejoramiento genético
y de comercialización de la carne de alpaca y del ovino criollo.
Estos productos vienen ganado progresivamente reconocimiento en la gastronomía
peruana.
El ovino criollo
El ovino criollo es
el ganado de crianza más extendida entre el campesino andino. Tiene
la ventaja de ser un animal resistente a las alturas e inclemencias del
tiempo en el Ande y que con fidelidad acompaña a los campesinos
en los tiempos de escasez. Su costo de adquisición y de mantenimiento
es bajo, no encuentra los problemas que tienen las razas seleccionadas
importadas en cuanto a la adaptación al Ande, y además porta
de una gran vulnerabilidad frente a las enfermedades.
Para los amantes del
buen comer, es importante saber que las virtudes del ovino criollo no
sólo son de orden económico. El sabor del ovino criollo
es superior al de otras variedades. Acostumbrado a andar en los cerros,
se trata de un animal menos graso. La grasa no sólo es dañina
para la salud, sino que contribuye a dar a la carne un sabor fuerte que
termina por saturar. Además, se trata de un animal que ha sido
alimentado con pastos naturales de altura y que contribuye con el sentido
ecológico y de alimentación, que tiene un sabor mucho más
agradable que el de los ovinos alimentados en corrales base a concentrado.
Seguramente, cuando
los españoles trajeron las primeras ovejas al Perú, no se
imaginaron que su descendencia devendría en una raza criolla tan
arraigada a la agreste y accidentada geografía de nuestro país.
De los troncos ancestrales venidos de la Península Ibérica
(Merino, Entrefino, Churra e Ibérico), después de más
de 400 años de presencia en los Andes, el ovino criollo ha sabido
ganarse un espacio para su reproducción.
Hoy, las bondades
nutritivas del ovino criollo son revalorizadas, generándose nuevos
programas de mejoramiento genético. Precursor de esta corriente
ha sido el profesor Rigoberto Calle de la Universidad Agraria. En el Cusco,
el Instituto Arariwa está implementando un programa piloto de mejoramiento
genético de estos animales. Asímismo, en la reciente Feria
Regional de Huancaro tuvo gran éxito un festival gastronómico
del ovino criollo.
El dominico francés
Bernardo Fulcrand, veterinario y Presidente del Instituto "Arariwa"
en Cusco, es un hombre apasionado a quien le gusta afrontar retos. Con
el aval de un par de décadas de experiencia en la promoción
pecuaria en el Sur Andino se decidió a montar un proyecto piloto
para revalorizar el ganado ovino criollo. "En diversos lares, incluyendo
a España y al Africa -nos dice el padre Bernardo- ha habido esfuerzos
por mejorar las especies locales. En cambio en el Perú, durante
décadas se ha descuidado la crianza de la oveja. Se cruzan los
animales de un mismo hato y una misma región, y no se desechan
los animales peores. Por el contrario, muchas veces el campesino, por
angustia económica, ha vendido precisamente el mejor carnero, el
que resultaría más idóneo para la reproducción."
"Arariwa"
ha instalado en Hawaqollay, en el mero Valle Sagrado de los Incas, un
centro de recría (en el cual se han seleccionado los mejores animales
procedentes de diversas comunidades de la región) y ha montado
junto con otras dos instituciones cusqueñas ("Ccaijo"
y "Cedep-Ayllu") un programa informático de monitoreo
de hatos seleccionados. Cuidadosamente se anotan las pariciones, el peso,
el estado de salud y otros datos sobre el desarrollo de los animales.
Campesinos de diversas comunidades de la zona se han organizado en una
Asociación de Criadores de Ovinos Criollos que busca mejorar el
proceso de reproducción de los animales y que promueve nuevas prácticas
en el sistema de pastoreo y cuidado de las ovejas. Los resultados ya están
a la vista, y los orgullosos comuneros exhiben ahora en las ferias ganaderas
de la zona sus ovejas más bellas y rellenitas.
En el Ande, los campesinos
tienen en las ovejas su principal fuente de carne. Las formas predilectas
de preparación son la popular sopa de cabeza, asado al horno andino
(cancacho), al palo o en la tradicional pachamanca (sistema de cocción
al vapor bajo tierra).
La alpaca
En cuanto a las carnes,
la de camélidos andinos (alpaca, llama) fue junto con la del cuy
(conejo andino) la base de la alimentación de los antiguos peruanos.
Su forma más común de procesamiento era cesinada (secada
con sal en la helada), aunque también se le comía asada
o cocinada bajo tierra. Los antiguos pobladores consideraban a la alpaca
como carne más exquisita que la llama. El cronista Cieza de León
pondera también las virtudes de la vicuña, a la que consideraba
muy buena, parecida a la de carnero y la cual dice se ingería ahumada
o salada.
La crianza de auquénidos
se expandió en la época de los Incas en forma racionalizada
y reglamentada. Se planificaba el uso del forraje según los diversos
tipos de animales. Sacrificaban primero a los machos o a las hembras no
fértiles. La captura del huanaco (animal criado en semi-libertad)
sólo era permitida una vez al año. En la época pre-hispánica
se había adaptado su cultivo a la costa, pero luego la preferencia
cultural de los conquistadores por las carnes de procedencia hispana arrinconaron
a los auquénidos a las punas andinas.
Junto con el ovino
criollo, los camélidos domésticos han representado uno de
los más importantes recursos para aprovechar los pastos de las
punas andinas. Son animales de gran resistencia que pueden sobrevivir
varios días de hambre o de sed. Su crianza está a cargo
de los pequeños agricultores de las comunidades campesinas. Se
estima la población de alpacas peruanas en poco más de tres
millones de cabezas, que representan cerca del 90% de la población
mundial.
Actualmente, el Centro
de Promoción del Desarrollo (DESCO) viene impulsando, en la zona
de Caylloma, un innovador programa de mejoramiento de la crianza de la
alpaca, cubriendo diversos aspectos: alimentación, sanidad, manejo
y genética.
DESCO inició
su trabajo en 1987 sobre la base de un estudio que mostraba que el 65%
de la población de alpacas presentaba algún tipo de malformación
congénita. La institución procura reducir tales defectos.
Se busca seleccionar los animales para fines reproductivos, así
como propiciar el intercambio entre productores y localidades. Se constituyó
el Centro de Desarrollo Alpaquero de Caylloma, el cual opera en el fundo
Toccra, desde el cual se han venido desarrollando cursos de capacitación
masivos, asistencia técnica a criadores, y promoción de
ferias locales, provinciales y regionales para estimular el mejoramiento
de la crianza de la alpaca.
Complementariamente,
la Agencia Española de Cooperación Internacional ha instalado,
en la misma zona de Caylloma-Arequipa, una planta experimental de embutidos
elaborados en base de alpaca, así como un programa de comercialización
y difusión del consumo de carne de alpaca en el Perú. En
los medios de comunicación masivos y en algunos establecimientos
gastronómicos de nota la alpaca empieza a irrumpir como potaje
gourmet.
Carnes andinas en la nueva cocina peruana
La alpaca y el ovino
vienen ganando presencia en la gastronomía peruana. Uno de los
más entusiastas promotores de este proceso es Cucho La Rosa, calificado
exponente de la cocina "Novo Andina". Ella promueve una nueva
cocina peruana, que recupere productos tradicionales del Ande y sazón
peruana, pero incorporando técnicas y criterios dietéticos
modernos. Presentamos algunas de los deliciosos potajes diseñados
por Cucho.
Ovino al horno andino
Busque un cordero
tierno de menos de un año (pesará unos nueve kilos). Si
desea menos cantidad, seleccione una pierna y un trozo de costillas. Un
día antes de la preparación, se adereza el cordero con sal,
pimienta, comino, ajo, hierba buena, menta, romero y semilla molida de
culantro. Con un cuchillo se hacen unas pequeñas hendiduras para
introducir los condimentos. Al día siguiente, se hornea la carne
lentamente por los dos lados durante un par de horas. Queda estupenda
en el horno de barro andino, aunque en el horno común también
resulta sabrosa. Para que resulte más vistosa y jugosa, se puede
acompañar de un aspic (calentar una taza grande de agua con un
poco de azúcar, unas hojas de menta y de hierba buena y un chorro
de licor de menta. Diluir con un poco de colapiz o gelatina de sabor neutro).
Alpaca
Don Cucho nos da algunas
recomendaciones básicas. La carne de alpaca debe ser tierna, de
un animal de menos de un año de edad. No se le debe cocinar demasiado:
hay que recordar que la carne de alpaca tiene poca grasa y debe comerse
jugosa. Una de sus preparaciones favoritas es la alpaca al vino. Se cocina
la carne tipo magret, llevándola a la plancha por unos minutos
por ambos lados y luego se le da una ligera pasada por el horno. Se sirve
con una salsa de vino tipo cabernet sauvignon, salteándola con
champiñoñes. Para la preparación del fondo de la
salsa, el largo cuello de la alpaca le otorga un sabor inigualable. Cucho
ha diseñado otros exquisitos potajes de alpaca como el carré
(costilla), el lomo fino o la pierna salteada en fina manteca de pato.
Por lo demás, con la carne de alpaca se pueden preparar variedad
de platos, desde un seco de alpaca hasta una alpaca a la parrilla o asada
al palo, por no hablar de incluirla como base de una tradicional pachamanca.
Por
Mariano Valderrama
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