Cuando el hogar es la escuela

Por: Eiko Kawamura

María Rosa Boggio no fue al colegio, al menos no en Primaria. Ahora es socióloga y está realizando una maestría de antropología en la Universidad de San Marcos. Ella es la cuarta de cinco hermanas, y gracias a la iniciativa de su padre, todas ellas recibieron un tipo de educación básica diferente a la tradicional.

El papá era una enciclopedia

A los veinticinco años, su padre, José Andrés Boggio, que todavía no concluía sus estudios de Historia en la Universidad Católica, tuvo la inquietud de formar a sus hijas pequeñas en el nivel de educación primaria. El objetivo era que ellas adquieran más conocimientos y obtengan una formación sólida en valores cristianos y sociales. "Mi padre se sentía muy insatisfecho con el sistema educativo y decidió formarnos en nuestro propio hogar, quería algo más completo, más exigente para sus hijas." comenta María Rosa.
José Andrés Boggio fue militante de la Democracia Cristiana, una persona con convicciones políticas progresistas, de transformación y lucha social. La preocupación por el futuro educativo de sus hijas lo impulsó a diseñar y desarrollar un plan de estudios que aplicó en la primera de sus hijas, Zoila, para luego continuar con la formación de sus cuatro hermanas menores. Fue José Andrés quien se ocupó de la estructura de los cursos, de la creación de los textos, así como las ilustraciones de los libros que él mismo creaba con la ayuda de una máquina de escribir y otros documentos de su biblioteca personal. María Rosa así lo comprobó, "luego de que mi padre falleció yo busqué en sus archivos y efectivamente me di cuenta que él planificaba lo que iba a hacer cada día. Por sus archivos yo sé que investigó y seleccionó montones de cuentos y otros los inventaba, eran historias armadas y fabricadas por él".

Miss Mamá

Su madre, que llegó a terminar la secundaria, se ocupaba del dictado de las clases, realizando un seguimiento individualizado de cada una de sus hijas. Además debía atender las labores de la casa y otras obligaciones familiares. "Recuerdo que mi madre, para que no nos sintiéramos diferentes a los niños que normalmente asistían al colegio, nos confeccionó unos uniformes, con mandiles y corbatitas" comenta María Rosa. Las materias no difirieron en contenido de las que normalmente se reciben en la primaria, la diferencia estaba más en la forma y el método de enseñanza.

"La forma de enseñanza no la recuerdo muy bien pero sí teníamos un cierto ritmo organizado. Habían escritorios en una pieza grande en la casa y allí nos dividíamos, nunca estuvimos más de tres hermanas juntas. Estudiábamos por la mañana y por la tarde, no teníamos horarios fijos, eran adaptados al trabajo de mi madre. Eso sí, habían momentos de trabajo y de recreo pero nada muy estricto, siempre con mucha flexibilidad. Las tareas consistían en avanzar con los temas y puntos que nos encargaban nuestros padres, incluso tenía que hacer monografías, yo hice una sobre Bolivar."

Sobre los castigos o llamadas de atención, María Rosa comenta que nunca fueron excesivos. "Supongo que también nos castigaban, tal vez no salíamos, cosas así, quedarnos repitiendo una frase en el cuaderno, o escribir y escribir hasta que salga bien una palabra, nada muy represivo".

El bebebaba

El método que su padre y su madre aplicaron fue el de enseñar a cada una de sus hijas según la edad que tenían y de acuerdo con libros especializados para el nivel que les correspondía. "En realidad nos enseñó todos los cursos, nos hizo un libro para aprender a leer que se llamaba Bebebaba, él hacía las figuritas, las sílabas, las letras, ése fue el primer libro que teníamos.El segundo libro fue uno integrado para primero de primaria que nosotros le llamábamos el Libro de Lectura, allí a través de cuentos y diversas historias nos enseñaba cosas de biología, de geografía, etc. Me acuerdo que había un artículo que se llamaba "El Paseo a Matucana", era toda una historia que nos iba enseñando el camino a Matucana, cómo era, qué había, entonces ese libro de lectura nos iba metiendo con las plantas, los animales, la geografía, la familia, la religión.

" En el segundo año se diversificaba un poco más, no recuerdo exactamente pero ese año creo que ya teníamos un libro de geografía y botánica además del de lectura. En el tercer, cuarto y quinto, se iban diversificando aún más por especialidad."

María Rosa considera que la formación que recibió ha sido una experiencia más vivencial. Además de recibir la teoría salían de excursiones para aprender sobre la naturaleza. "Nos llevaban a los parques, a conocer las huacas y los museos, nos levantábamos muy tempranito para ir de excursión".

Junto a la forma cómo su padre polarizó el conjunto de conocimientos, valores y la pedagogía para la enseñanza, María Rosa considera que es muy importante el ambiente familiar en el cual se desenvolvió. "Mi padre era muy intelectual, él era un enciclopedista entonces en mi casa había mucho ambiente de lectura, mi padre tenía una biblioteca muy grande. Eso también influyó en mi formación".

Secundaria: la rigidez

Sin embargo, su padre no podía continuar con el mismo tipo de educación para sus hijas en la secundaria, "él ya no se daba abasto, priorizaba sus tareas sobre la norma social y como había dedicado mucho tiempo en hacer los libros de primaria, inclusive dejando de trabajar, ya no teníamos recursos económicos". Su plan habría sido darles esa marca en la primaria como formación básica y en la secundaria brindarles una mayor apertura a la socialización.

Para dar el paso de una educación familiar a una educación escolarizada tenían que presentar una serie de documentos, además de rendir un examen de suficiencia en el Ministerio de Educación. "Ni mi padre ni mi madre tenían título de maestro, entonces tenían unos amigos que daban su nombre y su título como nuestros tutores, pero en la práctica eran mi papá y mi mamá quienes nos habían formado, entonces con ese trámite y el aval del profesor titulado íbamos a dar el examen al Ministerio del Educación".

Este examen de suficiencia, que en realidad fueron dos, uno para primero y segundo de primaria y otro desde tercero a quinto, le permitió ingresar por primera vez al colegio y destacó desde el principio. "En cuanto a nuestros conocimientos, tengo la impresión que tuvimos una mayor amplitud y profundización. Los dos primeros años de secundaria estaba en el primer lugar de mi clase, salía con excelencia, podía captar los cursos con facilidad, con rapidez".

La adaptación a la secundaria no fue tan difícil para ella: "en realidad nos integramos bien, yo moría de ganas por ir al colegio, tener amigas. No fue difícil, aunque en las reuniones sociales sí era un poco tímida al comienzo, pero supongo que como toda niña. Me acuerdo que cuando mi padre nos quería castigar, nos decía que no íbamos a ir al colegio. Sin embargo, asistí a un colegio de religiosas sumamente tradicional y a pesar de que me adapté tuve choques fuertes de rebeldía. No quería entrar a ese tipo de normas tan duras. Además no sentía demasiado reto con el contenido de algunos cursos, con otros como física, química, geometría sí. Por otro lado, no todos mis maestros me estimulaban, su actitud era muy tradicional, a veces me burlaba un poco del colegio. Lo que más me gustaba eran mis amigas, mis compañeras de colegio".

Por la libertad para los alumnos

Sin embargo, María Rosa reconoce que la formación no escolarizada tiene sus ventajas y desventajas. Puede brindar una mayor calidad y cantidad de conocimientos y hacer un seguimiento individualizado del alumno, pero limita el proceso de socialización, "no salíamos de casa mientras que los chicos de nuestra edad se iban a estudiar al colegio. Además hemos tenido una disciplina menos rigurosa en cuanto a los horarios, aunque en realidad, no sé si eso lo consideraría como una desventaja en sí".

A pesar de que considera su educación como una experiencia enriquecedora y productiva, el modelo de educación que ella recibió sería muy difícil de aplicar: "ahora el hombre y la mujer deben salir a trabajar para poder sostener una familia y esto complica más la educación de los hijos" comenta; pero, considera fundamental que los padres realicen una buena elección del colegio donde estudiarán sus hijos.

Su formación le ha permitido analizar la situación del sector educativo y señalar sus principales problemas: la falta de adaptación de la currícula a las necesidades de los estudiantes y del país, y la baja remuneración y capacitación de los maestros. "En realidad esto responde a una sub-valoración de toda la sociedad" dice María Rosa, segura que es mejor que la formación escolar no sea tan rigurosa ni represiva, sino que brinde más libertades para que sus alumnos puedan desarrollarse creativamente y con una mayor capacidad de decisión.