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Fiesta
de la Virgen de la Candelaria |
El segundo gran día: La Octava El domingo siguiente al dos de febrero es denominado como la Octava. Al igual que la fecha principal tiene su propio Alferado y discurre la misma rutina con la única diferencia de que el desfile de la Octava se reserva a los grupos de los barrios de la ciudad de Puno. |
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En fresco gramado, al centro del rectángulo, diez minutos bastan para que cada grupo derroche ritmo y originalidad durante el concurso. Unos tras otros bailan infatigablemente los más cadenciosos ritmos folklóricos desde tempranas horas de la mañana hasta las ocho de la noche, mezclando energía y nerviosismo: todos desean llevarse el cetro del ganador no por el premio sino sobre todo por alcanzar ese prestigio. | ||||||||||||
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Allí no termina todo; disipadas las tensiones, la fiesta se traslada nuevamente a la calle, donde la gente disemina toda su algarabía, prolongándose la bohemia hasta que sale el sol e ilumina el cielo del hermoso amanecer serrano. Es el fin de fiesta y es largo; pareciese que nadie quiere su término. La celebración continúa aún días después de la Parada y del concurso; se observan hombres vestidos de "osos" y mujeres de "ángeles", también "diablos" durmiendo plácidamente en una banca de la plaza, esperando la noche para bailar, bailar y bailar, como en los días anteriores. El corolario definitivo a la fiesta de la Virgen de la Candelaria es el Cacharpari, que anuncia el inicio de los carnavales y donde Puno vuelve a reír, gritar, bailar y embriagarse como lo mandan Dios y la "Mamacha Candelaria", olvidándose del mundo y sus problemas. Total, hay energías para continuar con las fiestas que vengan. | ||||||||||||