DILEMAS
Cabinas, acceso y redes sociales
Por:
Sandro Venturo
Cuando RCP
planteaba que las cabinas públicas de internet podían
ser una herramienta eficaz para vencer una de las principales
formas de exclusión en la sociedad de la información,
no imaginamos lo que vendría después. Hoy el "caso
peruano" se constituye como un ejemplo para analizar cada
vez que se trata el tema de la brecha digital en los países
subdesarrollados como el nuestro.
¿Es
posible hablar de un modelo peruano?
Las cabinas
públicas de internet fueron concebidas como medios donde
cualquier persona que no tuviera computadora ni conexión
a la red de redes pudiera sin embargo participar de esta nueva
forma de interacción social. La bandera del acceso universal
a las tecnologías de la comunicación e información
encontró, en la propuesta de RCP, una solución que
supuso dos acciones básicas.
Por un lado,
RCP inició desde 1994 cursos de capacitación por
donde pasaron más de cincuenta mil personas. En ellos se
forjaron los primeros cabineros, los pequeños empresarios
que vieron en las cabinas una oportunidad para participar de un
nuevo modelo de economía donde la información se
constituye como un recurso imprescindible, como el capital por
excelencia.
Por otro lado,
RCP propuso en foros nacionales e internacionales un modelo donde
las cabinas eran mucho más que un punto de conectividad.
Se trata de concebirlas como centros de capacitación y
producción de contenidos locales que permitan potenciar
las capacidades de las personas y las organizaciones para sostener
su propio desarrollo. De este modo el problema no pasaba por la
conexión únicamente sino por la capacidad de la
propia comunidad para producir conocimientos que hicieran más
rentable su economía, más transparente la administración
del poder político, más efectivos los servicios
sociales y mucho más radicales los procesos culturales
de identidad y mestizaje en el contexto de la mundialización.
De hecho las
cabinas de internet peruanas se han constituido como un factor
democratizador en el uso de estas tecnologías. Diversos
estudios constatan que de cada diez internautas, nueve se conectan
a los mundos virtuales a través de este medio. Por ello
es que existe entre nosotros la idea de un "modelo peruano
de conectividad popular" donde las cabinas se constituyen
como las estrellas de dicho fenómeno.
Sin embargo,
cabe preguntarse si este supuesto modelo es sostenible y mas aun,
"exportable"; tal como algunos funcionarios públicos
vienen sosteniendo en estas épocas. El mercado de las cabinas
de internet es en nuestro país semejante al mercado informal
y, en muchos casos, participa de él. Las cabinas se instalan,
en el peor de los casos, con aparatos de segunda mano, canibalizados
y de contrabando; con software pirata y estándares de calidad
en la atención al usuario que dejan mucho que desear. Se
trata de un mercado basado en una demanda intensiva que exige
precios muy bajos (el costo de conexión promedio por hora
es de 0.80 centavos de dólar) y que hace difícil
la rentabilidad de este servicio. De este modo, son pocos los
empresarios que recuperan su inversión mientras los demás
tienen serias dificultades para hacer caja cada mes.
No es difícil
imaginar, entonces, que este supuesto modelo es imposible en una
sociedad donde la regulación y el mercado funcionan formal
y eficientemente.
Lo interesante
de este asunto reside en la paradoja: la inmensa infraestructura
de conectividad que suponen las dos mil cabinas que existen en
el Perú (a un promedio de diez computadoras por cada local)
ha permitido democratizar el acceso pero esto ha sido posible
gracias a una creatividad que se sostiene en un mercado estrictamente
precario donde la demanda es intensa y la competencia es brutal.
La
ola de la integración social
Ciertamente
las cabinas públicas de internet son parte de un fenómeno
sociológico pocas veces subrayado. Así como la mayoría
de las ciudades del Perú han crecido con base en invasiones
de pobladores que levantaron sus barrios y hogares sin el apoyo
de las urbanizadoras y con el poco animado consentimiento del
Estado; así como han emergido el comercio informal y las
PYMES al margen de las decisiones macroeconómicas de los
ministros de Estado; del mismo modo el fenómeno de las
cabinas ha sido posible debido a una impresionante avidez de los
peruanos por estar conectados y participar del "ciberespacio".
Visto así,
tiene sentido pensar que nuestros internautas participan de esa
inmensa ola de ciudadanos excluidos que a través de diversas
estrategias buscan integrarse a una sociedad y a un Estado desbordados
por ellos mismos. De esta forma, como el chorro de agua derramada
en el camino, van buscando por cuál resquicio pasar, haciendo
su propia ruta. Las cabinas son parte de este proceso cultural
de integración donde el Estado tiene poco que decir y que
se expresa en una demanda que no tiene en recursos lo que le sobra
en entusiasmo.
Este camino
es intenso y creativo pero al mismo tiempo improvisado y, en el
extremo, precario. Así como las ciudades del Perú
son caóticas y su economía informal, impredecible;
del mismo modo el fenómeno de las cabinas es un caso poco
documentado y muchas veces sobrestimado. Las cabinas, qué
duda cabe, han contribuido a universalizar la conectividad pero
a costa de una inestabilidad que pocos analistas se atreven a
reconocer. Y aquí nos encontramos frente a otra paradoja:
por un lado se sobrestima el aporte de las cabinas a la constitución
de una sociedad de la información (puesto que sólo
conecta sin estimular la producción de contenidos propios)
y por el otro se la desaprovecha dado que todavía no se
imaginan nuevos servicios que bien las pueden hacer rentables
e impulsadoras del desarrollo de sus comunidades.
Si toda esta
red de conectividad ha sido posible gracias a la iniciativa de
miles de empresarios populares y sin el apoyo decidido del mercado
y el Estado; y considerando la impresionante avidez de los peruanos
por integrarse al universo de la comunicación global; ¿qué
podemos hacer para aprovechar este mar de cabinas en favor del
desarrollo de nuestro país?
Los
nuevos modelos: cabinas para el desarrollo
Uno de los
principales problemas que enfrentan los proyectos de conectividad
reside en una confusión tan obvia que pocas veces nos atrevemos
a objetivarla. Nadie discute que la preocupación central
de los proyectos de universalización del acceso deben dirigirse,
en realidad, a la producción de los contenidos. Esta consideración
se sostienen en la siguiente convicción: el problema que
debemos encarar a fin de cuentas no es el de la brecha digital
sino el de la exclusión social. Si la mayoría de
la población en el mundo no tiene la posibilidad de utilizar
las tecnologías de la comunicación y la información
es porque existe una desigualdad económica y social, por
cierto, evidentes. De manera que sólo la utilización
adecuada de dichas tecnologías permitirá democratizar
el conocimiento y con ello atacaremos uno de los factores que
refuerzan precisamente la exclusión y la pobreza en el
mundo.
Desde esta
perspectiva las cabinas de internet son consideradas medios de
acceso que deben estar dirigidos fundamentalmente a fortalecer
y hacer más eficientes los flujos de información
y las formas de producción del conocimiento de cada comunidad.
Muchos ingenieros tienden a pensar que con estas tecnologías
llegan también los sistemas de información lo cual
es en realidad un prejuicio. En cada comunidad existen ya flujos
de información a través de redes sociales que constituyen,
si cabe el término, sistemas aunque éstos no sean
virtuales ni sistemáticos. La idea entonces es que las
cabinas se constituyan como nodos de producción y consumo
de información local que permitan hacer más precisos
y económicos los procesos de comunicación económicos
y culturales de la comunidad que las soporta.
Muchos proyectos
a pesar de compartir este principio elemental descuidan sin embargo
una consideración metodológica imprescindible: las
cabinas para ser rentables y contribuir al desarrollo deben articularse
a redes locales que le den sustento. Para ello las tecnologías
deben probar que pueden hacer más eficientes los flujos
de información al interior de la comunidad y entre la comunidad
y el entorno global. Asimismo las cabinas de internet se hacen
imprescindibles en la comunidad cuando promueven procesos de resocialización
de las organizaciones y los individuos, incorporándolos,
como diría Manuel Castells, a la lógica de la sociedad
red.
Desde esta
perspectiva las cabinas dejan de ser únicamente centros
de conexión para convertirse en centros de capacitación
e investigación. Así el factor crítico del
negocio/cabina se traslada a los servicios y entonces el esfuerzo
se concentra en el apoyo a las mesas de concertación para
el desarrollo, a las redes de pequeñas y medianas empresas,
al conjunto de escuelas e institutos cercanos, a los gremios de
comeciantes y artesanos, en fin, a aquellas redes sociales que
requieren de información aplicada para ampliar sus potencialidades
y así cumplir con eficiencia sus propósitos.
El mercado
de las cabinas de internet puede vencer la precariedad en la que
se encuentra si es que se transforma en un generador de la sociedad
de la información. En este propósito, los proveedores
de servicios de internet, las instancias del Estado y las instituciones
de la sociedad civil, tienen un papel fundamental. El reto está
en constituir una sociedad donde la información sea, ya
no sólo teóricamente, un elemento dinamizador de
los proyectos de los individuos. Las cabinas solas no pueden.
Son medios, no fines. Sin embargo, es desde ellas que podremos
imaginar formas de inclusión social que respondan a la
avidez de los peruanos por vivir integrados al difícil
mundo de hoy.