Jato de uso de hombre de 65 piezas (colección Dapelo) |
Sin lugar a dudas, los más remotos ancestros de
los actuales ejemplares estarían en aquellos caballos que trajo consigo
Cristóbal Colón al Nuevo Mundo desde la Península Ibérica
al desembarcar en la isla Guanahaní que actualmente forma parte de
las Islas Bahamas.
Esas
calientes tierras caribeñas fueron un lugar propicio para su desarrollo.
Entre los tipos de equinos -que comenzaron a poblar el Continente Americano-
se pueden mencionar al Berberisco, el Arabe y el Andaluz. Animales fuertes
y arrogantes que sirvieron de transporte al conquistador Francisco Pizarro
y a los soldados a su mando en su periplo por el Sur; desconcertando a los
nativos por su enorme tamaño, quienes los imaginaban cual centauros
en una sola anatomía con el jinete.
Una vez establecidos en el Perú, estos cuadrúpedos
fueron sometidos al agreste terreno peruano, contrariamente a como vivían
en tierras occidentales. Al principio se les utilizó para transporte,
convirtiéndose luego en indispensables piezas de trabajo pesado especialmente
para las faenas agrícolas.
El medio ambiente, la variada geografía, la árida
y caliente costa, las abundantes y empinadas quebradas y el frío
intenso en los Andes, conformaron un caballo distinto, sobrio y frugal;
capaz de resistir largas jornadas de viaje. Un paciente trabajo de selección
genética durante más de 300 años, resultó finalmente
en los hermosos ejemplares que hoy en día mostramos al mundo con
singular orgullo. |