José Carlos Mariátegui
7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
El Proceso de la Literatura
XIX. BALANCE PROVISORIO
No he tenido en esta sumarísima revisión de valores signos
el propósito de hacer historia ni crónica. No he tenido siquiera
el propósito de hacer crítica, dentro del concepto que limita
la crítica al campo de la técnica literaria. Me he propuesto
esbozar los lineamientos o los rasgos esenciales de nuestra literatura.
He realizado un ensayo de interpretación de su espíritu; no
de revisión de sus valores ni de sus episodios. Mi trabajo pretende
ser una teoría o una tesis y no un análisis.
Esto explicará la prescindencia deliberada de algunas obras que,
con incon-testable derecho a ser citadas y tratadas en la crónica
y en la crítica de nuestra literatura, carecen de significación
esencial en su proceso mismo. Esta significación, en todas las literaturas,
la dan dos cosas: el extraordinario valor intrínseco de la obra o
el valor histórico de su influencia. El artista perdura realmente,
en el espíritu de una literatura, o por su obra o por su descendencia.
De otro modo, perdura sólo en sus bibliotecas y en su cronología.
Y entonces puede tener mucho interés para la especulación
de eruditos y bibliógrafos; pero no tiene casi ningún interés
para una interpretación del sentido profundo de una literatura.
El estudio de la última generación, que constituye un fenómeno
en pleno movimiento, en actual desarrollo, no puede aún ser efectuado
con este mismo carácter de balance (43).
Precisamente en nombre del revisionismo de los nuevos se instaura el proceso
de la literatura nacional. En este proceso como es lógico, se juzga
el pasado; no se juzga el presente. Sólo sobre el pasado puede decir
ya esta generación su última palabra. Los nuevos, que pertenecen
más al porvenir que al presente, son en este proceso jueces, fiscales,
abogados, testigos. Todo, menos acusados. Sería prematuro y precario,
por otra parte, un cuadro de valores que pretendiese fijar lo que existe
en potencia o en crecimiento.
La nueva generación señala ante todo la decadencia definitiva
del "colonialismo". El prestigio espiritual y sentimental del
Virreinato, celosa e interesadamente cultivado por sus herederos y su clientela,
tramonta para siempre con esta generación. Este fenómeno literario
e ideológico se presenta, naturalmente, como una faz de un fenómeno
mucho más vasto. La generación de Riva Agüero realizó,
en la política y en la literatura, la última tentativa por
salvar la Colonia. Mas, como es demasiado evidente, el llamado "futurismo",
que no fue sino un neocivilismo, está liquidado política y
literariamente, por la fuga, la abdicación y la dispersión
de sus corifeos.
En la historia de nuestra literatura, la Colonia termina ahora. El Perú,
hasta esta generación, no se había aún independizado
de la Metrópoli. Algunos escritores, habían sembrado ya los
gérmenes de otras influencias. González Prada, hace cuarenta
años, desde la tribuna del Ateneo, invitando a la juventud intelectual
de entonces a la revuelta contra España, se definió como el
precursor de un período de influencias cosmopolitas. En este siglo
el modernismo ruben-dariano nos aportó, atenuado y contrastado por
el colonialismo de la generación "futurista", algunos elementos
de renovación estilística que afrancesaron un poco el tono
de nuestra literatura. Y, luego, la insurrección "colónida"
amotinó contra el academicismo español -solemne pero precariamente
restaurado en Lima con la instalación de una Academia correspondiente-,
a la generación de 1915, la primera que escuchó de veras la
ya vieja admonición de González Prada. Pero todavía
duraba lo fundamental del colonialismo: el prestigio intelectual y sentimental
del Virreinato. Había decaído la antigua forma; pero no había
decaído igualmente el antiguo espíritu.
Hoy la ruptura es sustancial. El "indigenismo", como hemos visto,
está extirpando, poco a poco, desde sus raíces, al "colonialismo".
Y este impulso no procede exclusivamente de la sierra. Valdelomar, Falcón,
criollos, costeños, se cuentan -no discutamos el acierto de sus tentativas-,
entre los que primero han vuelto sus ojos a la raza. Nos vienen, de fuera,
al mismo tiempo, variadas influencias internacionales. Nuestra literatura
ha entrado en su período de cosmopolitismo. En Lima, este cosmopolitismo
se traduce, en la imitación entre otras cosas de no pocos corrosivos
decadentismos occidentales y en la adopción de anárquicas
modas finiseculares. Pero, bajo este flujo precario, un nuevo sentimiento,
una nueva revelación se anuncian. Por los caminos universales, ecuménicos,
que tanto se nos reprocha, nos vamos acercando cada vez más a nosotros
mismos.