José Carlos Mariátegui
7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
El Proceso de la Literatura
XVIII. ALCIDES SPELUCÍN
En el primer libro de Alcides Spelucín están, entre otras,
las poesías que me leyó hace nueve años cuando nos
conocimos en Lima en la redacción del diario donde yo trabajaba.
Abraham Valdelomar medió fraternamente en este encuentro, después
del cual Alcides y yo nos hemos reencontrado pocas veces, pero hemos estado
cada día más próximos. Nuestros destinos tienen una
esencial analogía dentro de su disimilitud formal. Procedemos él
y yo, más que de la misma generación, del mismo tiempo. Nacimos
bajo idéntico signo. Nos nutrimos en nuestra adolescencia literaria
de las mismas cosas: decadentismo, modernismo, esteticismo, individualismo,
escepticismo. Coincidimos más tarde en el doloroso y angustiado trabajo
de superar estas cosas y evadirnos de su mórbido ámbito. Partimos
al extranjero en busca no del secreto de los otros sino en busca del secreto
de nosotros mismos. Yo cuento mi viaje en un libro de política; Spelucín
cuenta el suyo en un libro de poesía. Pero en esto no hay sino diferencia
de aptitud o, si se quiere, de temperamento; no hay diferen- cia de peripecia
ni de espíritu. Los dos nos embarcamos en la "barca de oro en
pos de una isla buena". Los dos en la procelosa aventura, hemos encontrado
a Dios y hemos descubierto a la Humanidad. Alcides y yo, puestos a elegir
entre el pasado y el porvenir, hemos votado por el porvenir. Supérstites
dispersos de una escaramuza literaria, nos sentimos hoy combatientes de
una batalla histórica.
El Libro de la Nave Dorada es una estación del viaje y del
espíritu de Alcides Spelucín. Orrego advierte de esto al lector,
en el prefacio, henchido de emoción, grávido de pensamiento,
que ha escrito para este libro. "No representa -escribe- la actualidad
estética del creador. Es un libro de la adolescencia, la labor poética
primigenia, que apenas rompe el claustro de la anónima intimidad.
El poeta ha recorrido desde entonces mucho camino ascendente y gozoso; también
mucha senda dolorosa. El espíritu está hoy más granado,
la visión más luminosa, el vehículo expresivo más
rico, más agilizado y más potente; el pensamiento más
deslumbrado de sabiduría; más extenso de panorama; más
valorizado por el acumulamiento de intuiciones; el corazón más
religioso, más estremecido y más abierto hacia el mundo. Es
preciso marcar esto para que el lector se dé cuenta de la penosa
precocidad del poeta que cuando escribe este libro es casi un niño"
(42).
Como canción del mar, como balada del trópico, este libro
es en la poesía de América algo así como una encantada
prolongación de la "Sinfonía en Gris Mayor". La
poesía de Alcides tiene en esta jornada ecos melodiosos de la música
rubendariana. Se nota también su posterioridad a las adquisiciones
hechas por la lírica hispanoamericana en la obra de Herrera y Reissig.
La huella del poeta uruguayo está espléndidamente viva en
versos como estos:
Pero esta presencia de Herrera y Reissig y la del propio Rubén Darío
no es sensible sino en la técnica, en la forma, en la estética.
Spelucín tiene del decadentismo la expresión; pero no tiene
el espíritu. Sus estados de alma no son nunca mórbidos. Una
de las cosas que atraen en él es su salud cabal. Alcides ha absorbido
muchos de los venenos de su época, pero su recia alma, un poco rústica
en el fondo, se ha conservado pura y sana. Así, está más
viviente y personal en esta plegaria de acendrado lirismo.
Alcides se semeja a Vallejo en la piedad humana, en la ternura humilde,
en la efusión cordial. En una época que era aún de
egolatrismo exasperado y bizantinismo d'annunziano, la poesía de
Alcides tiene un perfume de parábola franciscana. Su alma se caracteriza
por un cristianismo espontáneo y sustancial. Su acento parece ser
siempre el de esta otra plegaria con sabor de espiga y de ángelus
como algunos versos de Francis Jammes:
Esta claridad, esta inocencia de Alcides, son perceptibles hasta en esas
"aguas fuertes" de estirpe un poco bodeleriana, que, asumiendo
íntegra la responsabilidad de su poesía de juventud, ha incluido
en El Libro de la Nave Dorada. Y son tal vez la raíz de su
socialismo que es un acto de amor más que de protesta.