José Carlos Mariátegui
7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
El Proceso de la Literatura |
XII. EGUREN
José María Eguren representa en nuestra historia literaria
la poesía pura. Este concepto no tiene ninguna afinidad con la tesis
del Abate Brémond. Quiero simplemente expresar que la poesía
de Eguren se distingue de la mayor parte de la poesía peruana en
que no pretende ser historia, ni filosofía ni apologética
sino exclusiva y solamente poesía.
Los poetas de la República no heredaron de los poetas de la Colonia
la afición a la poesía teológica -mal llamada religiosa
o mística- pero sí heredaron la afición a la poesía
cortesana y ditirámbica. El parnaso peruano se engrosó bajo
la República con nuevas odas, magras unas, hinchadas otras. Los poetas
pedían un punto de apoyo para mover el mundo, pero este punto de
apoyo era siempre un evento, un personaje. La poesía se presentaba,
por consiguiente, subordinada a la cronología. Odas a los héroes
o hechos de América cuando no a los reyes de España, constituían
los más altos monumentos de esta poesía de efemérides
o de ceremonia que no encerraba la emoción de una época o
de una gesta sino apenas de una fecha. La poesía satírica
estaba también, por razón de su oficio, demasiado encadenada
al evento, a la crónica.
En otros casos, los poetas cultivaban el poema filosófico que generalmente
no es poesía ni es filosofía. La poesía degeneraba
en un ejercicio de declamación metafísica.
El arte de Eguren es la reacción contra este arte gárrulo
y retórico, casi íntegramente compuesto de elementos temporales
y contingentes. Eguren se comporta siempre como un poeta puro. No escribe
un solo verso de ocasión, un solo canto sobre medida. No se preocupa
del gusto del público ni de la crítica. No canta a España,
ni a Alfonso XIII, ni a Santa Rosa de Lima. No recita siquiera sus versos
en veladas ni fiestas. Es un poeta que en sus versos dice a los hombres
únicamente su mensaje divino.
¿Cómo salva este poeta su personalidad? ¿Cómo encuentra
y afina en esta turbia atmósfera literaria sus medios de expresión?
Enrique Bustamante y Ballivián que lo conoce íntimamente nos
ha dado un interesante esquema de su formación artística:
"Dos han sido los más importantes factores en la formación
del poeta dotado de riquísimo temperamento: las impresiones campestres
recibidas en su infancia en Chuquitanta, hacienda de su familia en las inmediaciones
de Lima, y las lecturas que desde su niñez le hiciera de los clásicos
españoles su hermano Jorge. Diéronle las primeras no sólo
el paisaje que da fondo a muchos de sus poemas, sino el profundo sentimiento
de la Naturaleza expresado en símbolos como lo siente la gente del
campo que lo anima con leyendas y consejas y lo puebla de duendes y brujas,
monstruos y trasgos. De aquellas clásicas lecturas, hechas con culto
criterio y ponderado buen gusto, sacó la afición literaria,
la riqueza de léxico y ciertos giros arcaicos que dan sabor peculiar
a su muy moderna poesía. De su hogar, profundamente cristiano y místico,
de recia moralidad cerrada, obtuvo la pureza de alma y la tendencia al ensueño.
Puede agregarse que en él, por su hermana Susana, buena pianista
y cantante, obtuvo la afición musical que es tendencia de muchos
de sus versos. En cuanto al color y a la riqueza plástica, no se
debe olvidar que Eguren es un buen pintor (aunque no llegue a su altura
de poeta) y que comenzó a pintar antes de escribir. Ha notado algún
crítico que Eguren es un poeta de la infancia y que allí está
su virtud principal. Ello seguramente ha de tener origen (aunque discrepemos
de la opinión del crítico) en que los primeros versos del
poeta fueron escritos para sus sobrinas y que son cuadros de la infancia
en que ellas figuran" (30).
Encuentro excesivo o, más bien, impreciso, calificar a Eguren de
poeta de la infancia. Pero me parece evidente su calidad esencial de poeta
de espíritu y sensibilidad infantiles. Toda su poesía es una
versión encantada y alucinada de la vida. Su simbolismo viene, ante
todo, de sus impresiones de niño. No depende de influencias ni de
sugestiones literarias. Tiene sus raíces en la propia alma del poeta.
La poesía de Eguren es la prolongación de su infancia. Eguren
conserva íntegramente en sus versos la ingenuidad y la réverie
del niño. Por eso su poesía es una visión tan virginal
de las cosas. En sus ojos deslumbrados de infante, está la explicación
total del milagro.
Este rasgo del arte de Eguren no aparece sólo en las que específicamente
pueden ser clasificadas como poesías de tema infantil. Eguren expresa
siempre las cosas y la Naturaleza con imágenes que es fácil
identificar y reconocer como escapadas de su subconsciencia de niño.
La plástica imagen de un "rey colorado de barba de acero"
-una de las notas preciosas de "Eroe" poesía de música
rubendariana- no puede ser encontrada sino por la imaginación de
un infante. "Los reyes rojos", una de las más bellas creaciones
del simbolismo de Eguren, acusa análogo origen en su bizarra composición
de calcomanía:
Nace también de este encantamiento del alma de Eguren su gusto por
lo maravilloso y lo fabuloso. Su mundo es el mundo indescifrable y aladinesco
de "la niña de la lámpara azul". Con Eguren aparece
por primera vez en nuestra literatura la poesía de lo maravilloso.
Uno de los elementos y de las características de esta poesía
es el exotismo. Simbólicas tiene un fondo de mitología
escandinava y de medioevo germano. Los mitos helenos no asoman nunca en
el paisaje wagneriano y grotesco de sus cromos sintetistas.
* * *
Eguren no tiene ascendientes en la literatura peruana. No los tiene tampoco
en la propia poesía española. Bustamante y Ballivián
afirma que González Prada "no encontraba en ninguna literatura
origen al simbolismo de Eguren". También yo recuerdo haber oído
a González Prada más o menos las mismas palabras.
Clasifico a Eguren entre los precursores del período cosmopolita
de nuestra literatura. Eguren -he dicho ya- aclimata en un clima poco propicio
la flor preciosa y pálida del simbolismo. Pero esto no quiere decir
que yo comparta, por ejemplo, la opinión de los que suponen en Eguren
influencias vivamente perceptibles del simbolismo francés. Pienso,
por el contrario, que esta opinión es equivocada. El simbolismo francés
no nos da la clave del arte de Eguren. Se pretende que en Eguren hay trazas
especiales de la influencia de Rimbaud. Mas el gran Rimbaud era, temperamentalmente,
la antítesis de Eguren. Nietzscheano, agónico, Rimbaud habría
exclamado con el Guillén de Deucalión: "Yo he
de ayudar al Diablo a conquistar el cielo". André Rouveyre lo
declara "el prototipo del sarcasmo demoníaco y del blasfemo
despreciante". Mílite de la Comuna, Rimbaud tenía una
psicología de aventurero y de revolucionario. "Hay que ser absolutamente
moderno", repetía. Y para serlo dejó a los veintidós
años la literatura y París. A ser poeta en París prefirió
ser pioneer en África. Su vitalidad excesiva no se resignaba
a una bohemia citadina y decadente, más o menos verleniana. Rimbaud,
en una palabra, era un ángel rebelde. Eguren, en cambio, se nos muestra
siempre exento de satanismo. Sus tormentas, sus pesadillas son encantada
e infantilmente feéricas. Eguren encuentra pocas veces su acento
y su alma tan cristalinamente como en "Los Ángeles Tranquilos":
El poeta de Simbólicas y de La Canción de las Figuras
representa, en nuestra poesía, el simbolismo; pero no un simbolismo.
Y mucho menos una escuela simbolista. Que nadie le regatee originalidad.
No es lícito regatearla a quien ha escrito versos tan absoluta y
rigurosamente originales como los de "El Duque":
Rubén Darío creía pensar en francés más
bien que en castellano. Probablemente no se engañaba. El decadentismo,
el preciosismo, el bizantinismo de su arte son los del París finisecular
y verleniano del cual el poeta se sintió huésped y amante.
Su barca, "provenía del divino astillero del divino Watteau".
Y el galicismo de su espíritu engendraba el galicismo de su lenguaje.
Eguren no presenta el uno ni el otro. Ni siquiera su estilo se resiente
de afrancesamiento (3l). Su forma
es española; no es francesa. Es frecuente y es sólito en sus
versos, como lo remarca Bustamante y Ballivián, el giro arcaico.
En nuestra literatura, Eguren es uno de los que representan la reacción
contra el españolismo porque, hasta su orto, el españolismo
era todavía retoricismo barroco o romanticismo grandi-locuente. Eguren,
en todo caso, no es como Rubén Darío un enamorado de la Francia
siglo dieciocho y rococó. Su espíritu desciende del Medioevo,
más bien que del Setecientos. Yo lo hallo hasta más gótico
que latino. Ya he aludido a su predilección por los mitos escandinavos
y germánicos. Constataré ahora que en algunas de sus primeras
composiciones, de acento y gusto un poco rubendarianos, como "Las Bodas
Vienesas" y "Lis", la imaginación de Eguren abandona
siempre el mundo dieciochesco para partir en busca de un color o una nota
medioevales:
Me parece que algunos elementos de su poesía -la ternura y el candor
de la fantasía, verbigratia- emparentan vagamente a veces
a Eguren con Maeterlinck -el Maeterlinck de los buenos tiempos. Pero esta
indecisa afinidad no revela precisamente una influencia maeterlinckiana.
Depende más bien de que la poesía de Eguren, por las rutas
de lo maravilloso, por los caminos del sueño, toca el misterio. Mas
Eguren interpreta el misterio con la inocencia de un niño alucinado
y vidente. Y en Maeterlinck el misterio es con frecuencia un producto de
alquimia literaria.
Objetando su galicismo, analizando su simbolismo, se abre de improviso,
feéricamente, como en un encantamiento, la puerta secreta de una
interpretación genealógica del espíritu y del temperamento
de José M. Eguren.
* * *
Eguren desciende del Medio Evo. Es un eco puro -extraviado en el trópico
americano- del Occidente medioeval. No procede de la España morisca
sino de la España gótica. No tiene nada de árabe en
su temperamento ni en su espíritu. Ni siquiera tiene mucho de latino.
Sus gustos son un poco nórdicos. Pálido personaje de Van Dyck,
su poesía se puebla a veees de imágenes y reminiscencias flamencas
y germanas. En Francia el clasicismo le reprocharía su falta de orden
y claridad latinas. Maurras lo hallaría demasiado tudesco y caótico.
Porque Eguren no procede de la Europa renacentista o rococó. Procede
espiritualmente de la edad de las cruzadas y las catedrales. Su fantasía
bizarra tiene un parentesco característico con la de los decoradores
de las catedrales góticas en su afición a lo grotesco. El
genio infantil de Eguren se divierte en lo grotesco, finamente estilizado
con gusto prerrenacentista:
En Eguren subsiste, mustiado por los siglos, el espíritu aristocrático.
Sabemos que en el Perú la aristocracia colonial se transformó
en burguesía republicana. El antiguo encomendero reemplazó
formalmente sus principios feudales y aristocráticos por los principios
demoburgueses de la revolución libertadora. Este sencillo cambio
le permitió conservar sus privilegios de encomendero y latifundista.
Por esta metamorfosis, así como no tuvimos bajo el Virreinato una
auténtica aristocracia, no tuvimos tampoco bajo la República
una auténtica burguesía. Eguren -el caso tenía que
darse en un poeta- es tal vez el único descendiente de la genuina
Europa medioeval y gótica. Biznieto de la España aventurera
que descubrió América, Eguren se satura en la hacienda costeña,
en el solar nativo, de ancianos aromas de leyenda. Su siglo y su medio no
sofocan en él del todo el alma medioeval (En España, Eguren
habría amado como Valle Inclán los héroes y los hechos
de las guerras carlistas). No nace cruzado -es demasiado tarde para serlo-,
pero nace poeta. La afición de su raza a la aventura se salva en
la goleta corsaria de su imaginación. Como no le es dado tener el
alma aventurera, tiene al menos aventurera la fantasía.
Nacida medio siglo antes, la poesía de Eguren habría sido
romántica (32), aunque
no por esto de mérito menos imperecedero. Nacida bajo el signo de
la decadencia novecentista, tenía que ser simbolista (Maurras no
se engaña cuando mira en el simbolismo la cola de la cola del romanticismo).
Eguren habría necesitado siempre evadirse de su época, de
la realidad. El arte es una evasión cuando el artista no puede aceptar
ni traducir la época y la realidad que le tocan. De estos artistas
han sido en nuestra América -dentro de sus temperamentos y sus tiempos
disímiles- José Asunción Silva y Julio Herrera y Reissig.
Estos artistas maduran y florecen extraños y contrarios al penoso
y áspero trabajo de crecimiento de sus pueblos. Como diría
Jorge Luis Borges, son artistas de una cultura, no de una estirpe. Pero
son quizá los únicos artistas que, en ciertos períodos
de su historia, puede poseer un pueblo, puede producir una estirpe. Valerio
Brussiov, Alejandro Block, simbolistas y aristócratas también,
representaron en los años anteriores a la revolución, la poesía
rusa. Venida la revolución, los dos descendieron de su torre solariega
al ágora ensangrentada y tempestuosa.
Eguren, en el Perú, no comprende ni conoce al pueblo. Ignora al indio,
lejano de su historia y extraño a su enigma. Es demasiado occidental
y extranjero espiritualmente para asimilar el orientalismo indígena.
Pero, igualmente, Eguren no comprende ni conoce tampoco la civilización
capitalista, burguesa, occidental. De esta civilización, le interesa
y le encanta únicamente, la colosal juguetería. Eguren se
puede suponer moderno porque admira el avión, el submarino, el automóvil.
Mas en el avión, en el automóvil, etc., admira no la máquina
sino el juguete. El juguete fantástico que el hombre ha construido
para atravesar los mares y los continentes. Eguren ve al hombre jugar con
la máquina; no ve, como Rabindranath Tagore, a la máquina
esclavizar al hombre.
La costa mórbida, blanda, parda, lo ha aislado tal vez de la historia
y de la gente peruanas. Quizá la sierra lo habría hecho diferente
Una naturaleza incolora y monótona es responsable, en todo caso,
de que su poesía sea algo así como una poesía de cámara.
Poesía de estancia y de interior. Porque así como hay una
música y una pintura de cámara, hay también una poesía
de cámara. Que, cuando es la voz de un verdadero poeta, tiene el
mismo encanto.
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