José Carlos Mariátegui
7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
El Proceso de la Literatura
XI. NUESTROS "INDEPENDIENTES"
Al margen de los movimientos, de las tendencias, de los cenáculos
y hasta de las propias generaciones, no han faltado en el proceso de nuestra
literatura casos más o menos independientes y solitarios de vocación
literaria. Pero en el proceso de una literatura se borra lentamente el recuerdo
del escritor y del artista que no dejan descendencia. El escritor, el artista,
pueden trabajar fuera de todo grupo, de toda escuela, de todo movimiento.
Mas su obra entonces no puede salvarlo del olvido si no es en sí
misma un mensaje a la posteridad. No sobrevive sino el precursor, el anticipador,
el suscitador. Por esto, las individualidades me interesan, sobre todo,
por su influencia. Las individualidades, en mi estudio, no tienen su más
esencial valor en sí mismas, sino en su función de signos.
Ya hemos visto cómo a una generación o, mejor, a un movimiento
radical que reconoció su líder en González Prada, siguió
un movimiento neo-civilista o colonialista que proclamó su patriarca
a Palma. Y cómo vino después un movimiento "colónida"
precursor de una nueva generación. Pero eso no quiere decir que toda
la literatura de este largo período corresponda necesariamente al
fenómeno "futurista" o al fenómeno "colónida".
Tenemos el caso del poeta Domingo Martínez Luján, bizarro
espécimen de la vieja bohemia romántica, algunos de cuyos
versos señalarán en las antologías algo así
como la primera nota rubendariana de nuestra poesía. Tenemos el caso
de Manuel Beingolea, cuentista de fino humorismo y de exquisita fantasía
que cultiva, en el cuento, el decadentismo de lo raro y lo extraordinario.
Tenemos el caso de José María Eguren, que representa en nuestra
historia literaria la poesía "pura", antes que la poesía
simbolista.
El caso de Eguren, empero, por su excepcional ascendiente, no se mantiene
extraño al juego de las tendencias. Constituye un valor surgido aparte
de una generación, pero que deviene luego un valor polémico
en el diálogo de dos generaciones en contraste. Desconocido, desdeñado
por la generación "futurista" que aclama como su poeta
a Gálvez, Eguren es descubierto y adoptado por el movimiento "colónida".
La revelación de Eguren empieza en la revista Contemporáneos,
sobre la que debo decir algunas palabras. Contemporáneos marca
incontestablemente una fecha en nuestra historia literaria. Fundada por
Enrique Bustamante y Ballivián y Julio Alfonso Hernández,
esta revista aparece como el órgano de un grupo de "independientes"
que sienten la necesidad de afirmar su autonomía del cenáculo
"colonialista". De la generación de Riva Agüero, estos
"independientes" repudian más la estética que el
espíritu. Contemporáneos se presenta, ante todo, como
la avanzada del modernismo en el Perú. Su programa es exclusivamente
literario. Hasta como simple revista de renovación literaria, le
faltan agresividad, exaltación, beligerancia. Tiene la ponderación
parnasiana de Enrique Bustamante y Ballivián, su director. Mas sus
actitudes poseen de todos modos un sentido de protesta. Los "independientes"
de Contemporáneos bus-can la amistad de González Prada.
Este gesto afirma por sí solo una "secesión". El
poeta de Exóticas, el prosador de Páginas Libres,
que entonces no colaboraba sino en algún acre y pobre periódico
anarquista, reaparece en 1909 ante el público de las revistas literarias,
en compañía de unos independientes que estimaban en él
al parnasiano, al aristócrata, más que al acusador, más
que al rebelde. Pero no importa. Este hecho anuncia ya una reacción.
La revista Contemporáneos, desaparecida después de
unos cuantos números, intenta renacer en una revista más voluminosa,
Cultura. Bustamante y Ballivián se asocia para esta tentativa
a Valdelomar. Pero antes del primer número, los co-directores riñen.
Cultura sale sin Valdelomar. El primer y único número
da la impresión de una revista más ecléctica, menos
representativa que Contemporáneos. El fracaso de este experimento
prepara a Colónida.
Pero estos y otros intentos revelan que si la generación de Riva
Agüero no pudo desdoblarse y dividirse en dos bandos, en dos grupos
antagónicos y definidos, no constituyó tampoco una generación
uniforme y unánime. En ninguna generación se presentan esta
uniformidad, esta unanimidad. La de Riva Agüero tuvo sus "independientes",
tuvo sus heterodoxos. Espiritual e ideológicamente, el de más
personalidad y significación fue sin duda Pedro S. Zulen. A Zulen
no le disgustaban únicamente el academicismo y la retórica
de los "futuristas"; le disgustaba profundamente el espíritu
conservador y tradicionalista. Frente a una generación "colonialista",
Zulen se declaró "pro-indigenista". Los demás "independientes"
-Enrique Bustamante y Ballivián, Alberto J. Ureta, etc.- se contentaron
con una implícita secesión literaria.