José Carlos Mariátegui
7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
Regionalismo y Centralismo
REFERENCIAS
1. Declaración de Principios del Partido Demócrata,
Lima 1897, p. 14.
2. Carta de Eugenio d'Ors con motivo del Centenario de la Independencia
de Bolivia. En Repertorio Americano.
3. Herriot, Créer, tomo II, p. 191.
4. El valor de la montaña en la economía peruana -me observa
Miguelina Acosta- no puede ser medido con los datos de los últimos
años. Estos años corresponden a un período de crisis,
vale decir a un período de excepción. Las exportaciones de
la montaña no tienen hoy casi ninguna importancia en la estadística
del comercio peruano; pero la han tenido y muy grande, hasta la guerra.
La situación actual de Loreto es la de una región que ha sufrido
un cataclismo.
Esta observación es justa. Para apreciar la importancia económica
de Loreto es necesario no mirar sólo a su presente. La producción
de la montaña ha jugado hasta hace pocos años un rol importante
en nuestra economía. Ha habido una época en que la montaña
empezó a adquirir el prestigio de un El Dorado. Fue la época
en que el caucho apareció como una ingente riqueza de inmensurable
valor. Francisco García Calderón, en El Perú Contemporáneo,
escribía hace aproximadamente veinte años que el caucho era
la gran riqueza del porvenir. Todos compartieron esta ilusión.
Pero, en verdad, la fortuna del caucho dependía de circunstancias
pasajeras. Era una fortuna contingente, aleatoria. Si no lo comprendimos
oportunamente fue por esa facilidad con que nos entregamos a un optimismo
panglossiano cuando nos cansamos demasiado de un escepticismo epidérmicamente
frívolo. El caucho no podía ser razonablemente equiparado
a un recurso mineral, más o menos peculiar o exclusivo de nuestro
territorio.
La crisis de Loreto no representa una crisis, más o menos temporal,
de sus industrias. Miguelina Acosta sabe muy bien que la vida industrial
de la montaña es demasiado incipiente. La fortuna del caucho fue
la fortuna ocasional de un recurso de la floresta, cuya explotación
dependía, por otra parte, de la proximidad de la zona -no trabajada
sino devastada- a las vías de transporte.
El pasado económico de Loreto no nos demuestra, por consiguiente,
nada que invalide mi aserción en lo que tiene de sustancial. Escribo
que económicamente la montaña carece aún de significación.
Y, claro, esta significación tengo que buscarla, ante todo, en el
presente. Además tengo que quererla parangonable o proporcional a
la significación de la sierra y la costa. El juicio es relativo.
Al mismo concepto de comparación puedo acogerme en cuanto a la significación
sociológica de la montaña. En la sociedad peruana distingo
dos elementos fundamentales, dos fuerzas sustantivas. Esto no quiere decir
que no distinga nada más. Quiere decir solamente que todo lo demás,
cuya realidad no niego, es secundario.
Pero prefiero no contentarme con esta explicación. Quiero considerar
con la más amplia justicia las observaciones de Miguelina Acosta.
Una de éstas, la esencial, es que de la sociología de la montaña
se sabe muy poco. El peruano de la costa, como el de la sierra, ignora al
de la montaña. En la montaña, o más propiamente hablando,
en el antiguo departamento de Loreto, existen pueblos de costumbres y tradiciones
propias, casi sin parentesco con las costumbres y tradiciones de los pueblos
de la costa y la sierra. Loreto tiene indiscutible individualidad en nuestra
sociología y nuestra historia. Sus capas biológicas no son
las mismas. Su evolución social se ha cumplido diversamente.
A este respecto es imposible no declararse de acuerdo con la doctora Acosta
Cárdenas, a quien toca, sin duda, concurrir al esclarecimiento de
la realidad peruana con un estudio completo de la sociología de Loreto.
El debate sobre el tema del regionalismo no puede dejar de considerar a
Loreto como una región (Es necesario precisar: a Loreto, no a la
"montaña"). El regionalismo de Loreto es un regionalismo
que, más de una vez, ha afirmado insurreccionalmente sus reivindicaciones.
Y que, por ende, si no ha sabido ser teoría, ha sabido en cambio
ser acción. Lo que a cualquiera le parecerá, sin duda, suficiente
para tenerlo en cuenta.
5. En Mundial, setiembre de 1925, a propósito de De la
Vida Inkaica.
6. Carlos Concha, El Régimen Local, p. 135.
7. Extracto Estadístico del Perú de 1926, p. 135.
8. Lucien Romier, Explication de Notre Temps, p. 50.
9. En Le Vie d'ltalia dell'America Latina, 1925.
10. Conforme al Extracto Estadístico del Perú, las
importaciones por el puerto de Talara ascendieron en 1926 a Lp. 2'453,719
y las exportaciones a Lp. 6'171,983, ocupando el segundo lugar después
de las del Callao.
11. En su libro Por la Emancipación de América Latina
(pp. 90 y 91) Haya de la Torre opone y compara el destino colonial de México
al del Perú. "En México -escribe- se han fundido las
razas y la nueva capital fue erigida en el mismo lugar que la antigua. La
ciudad de México y todas sus grandes ciudades están emplazadas
en el corazón del país, en las montañas, sobre las
mesetas altísimas que coronan los volcanes. La costa tropical sirve
para comunicarse con el mar. El conquistador de México se fundió
con el indio, se unió a él en el propio corazón de
sus sierras y forjó una raza que, aunque no sea absolutamente una
raza en el estricto sentido del vocablo, lo es por la homogeneidad de sus
costumbres, por la tendencia a la definitiva fusión de sangres, por
la continuidad sin soluciones violentas del ambiente nacional. En el Perú
no ocurrió eso. El Perú serrano e indígena, el verdadero
Perú. quedó tras de los Andes occidentales. Las viejas ciudades
nacionales: Cuzco, Cajamarca, etc., fueron relegadas. Se fundaron ciudades
nuevas y españolas en la costa tropical donde no llueve nunca, donde
no hay cambios de temperatura, donde pudo desarrollarse ese ambiente andaluz,
sensual, de nuestra capital alegre y sumisa". Es signiíicativo
que estas observaciones -a cuya altura nunca llegaron generalmente las quejas
y alardes del antilimeñismo- provengan de un hijo de Trujillo, esto
es de una de "esas ciudades nuevas y españolas" cuyo predominio
le parece responsable de muchas cosas que execra. Este y otros signos de
la revisión actual, merecen ser indicados a la meditación
de los que atribuyen a la sierra la exclusiva del espíritu revolucionario
y palingenésico.