José Carlos Mariátegui
7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
El Proceso de la Instrucción Pública
II
LA REFORMA UNIVERSITARIA
IDEOLOGÍA Y REINVINDICACIONES
El movimiento estudiantil que se inició con la lucha de los estudiantes
de Córdoba, por la reforma de la Universidad, señala el nacimiento
de la nueva generación latinoamericana. La inteligente compilación
de documentos de la reforma universitaria en la América Latina realizada
por Gabriel del Mazo, cumpliendo un encargo de la Federación Universitaria
de Buenos Aires, ofrece una serie de testimonios fehacientes de la unidad
espiritual de este movimiento (20).
El proceso de la agitación universitaria en la Argentina, el Uruguay,
Chile, Perú, etc., acusa el mismo origen y el mismo impulso. La chispa
de la agitación es casi siempre un incidente secundario; pero la
fuerza que la propaga y la dirige viene de ese estado de ánimo, de
esa corriente de ideas que se designa -no sin riesgo de equívoco-
con el nombre de "nuevo espíritu". Por esto, el anhelo
de la reforma se presenta, con idénticos caracteres, en todas las
universidades latinoamericanas. Los estudiantes de toda la América
Latina, aunque movidos a la lucha por protestas peculiares de su propia
vida, parecen hablar el mismo lenguaje.
De igual modo, este movimiento se presenta íntimamente conectado
con la recia marejada posbélica. Las esperanzas mesiánicas,
los sentimientos revolucionarios, las pasiones místicas propias de
la posguerra, repercutían particularmente en la juventud universitaria
de Latinoamérica. El concepto difuso y urgente de que el mundo entraba
en un ciclo nuevo, despertaba en los jóvenes la ambición de
cumplir una función heroica y de realizar una obra histórica.
Y, como es natural, en la constatación de todos los vicios y fallas
del régimen económico social vigente, la voluntad y el anhelo
de renovación encontraban poderosos estímulos. La crisis mundial
invitaba a los pueblos latinoamericanos, con insólito apremio, a
revisar y resolver sus problemas de organización y crecimiento. Lógicamente,
la nueva generación sentía estos problemas con una intensidad
y un apasionamiento que las anteriores generaciones no habían conocido.
Y mientras la actitud de las pasadas generaciones, como correspondía
al ritmo de su época, había sido evolucionista -a veces con
un evolucionismo completamente pasivo- la actitud de la nueva generación
era espontáneamente revolucionaria.
La ideología del movimiento estudiantil careció, al principio,
de homogeneidad y autonomía. Acusaba demasiado la influencia de la
corriente wilsoniana. Las ilusiones demoliberales y pacifistas que la predicación
de Wilson puso en boga en 1918-19 circulaban entre la juventud latinoamericana
como buena moneda revolucionaria. Este fenómeno se explica perfectamente.
También en Europa, no sólo las izquierdas burguesas sino los
viejos partidos socialistas reformistas aceptaron como nuevas las ideas
demoliberales elocuente y apostólicamente remozadas por el presidente
norteamericano.
Únicamente a través de la colaboración cada día
más estrecha con los sindicatos obreros, de la experiencia del combate
contra las fuerzas conserva-doras y de la crítica concreta de los
intereses y principios en que se apoya el orden establecido, podían
alcanzar las vanguardias universitarias una definida orientación
ideológica.
Este es el concepto de los más autorizados portavoces de la nueva
generación estudiantil, al juzgar los orígenes y las consecuencias
de la lucha por la Reforma. Todos convienen en que este movimiento, que
apenas ha formulado su programa, dista mucho de proponerse objetivos exclusivamente
universitarios y en que, por su estrecha y creciente relación con
el avance de las clases trabajadoras y con el abatimiento de viejos privilegios
económicos, no puede ser entendido sino como uno de los aspectos
de una profunda renovación latino-americana. Así Palcos, aceptando
íntegramente las últimas consecuencias de la lucha empeñada,
sostiene que "mientras subsista el actual régimen social, la
Reforma no podrá tocar las raíces recónditas del problema
educacional". "Habrá llenado su objeto -agrega- si depura
a las universidades de los malos profe-sores, que toman el cargo como un
empleo burocratico; si permite -como sucede en otros países- que
tengan acceso al profesorado todos los capaces de serlo, sin excluirlos
por sus convicciones sociales, políticas o filosóficas; si
neutraliza en parte, por lo menos, el chauvinismo y fomenta en los educandos
el hábito de las investigaciones y el sentimiento de la propia responsabilidad.
En el mejor de los casos, la Reforma rectamente entendida y aplicada, puede
contribuir a evitar que la Universidad sea, como es en rigor en todos los
países, como lo fue en la misma Rusia -país donde se daba,
sin embargo, como en ninguna otra parte, una intelectualidad avanzada que
en la hora de la acción saboteó escandalosamente a la revolución-
una Bastilla de la reacción, esfor-zándose por ganar las alturas
del siglo" (21).
No coinciden rigurosamente -y esto es lógico-, las diversas interpretaciones
del significado del movimiento. Pero, con excepción de las que proceden
del sector reaccionario, interesado en limitar los alcances de la Reforma,
localizándola en la universidad y la enseñanza, todas las
que se inspiran sinceramente en sus verdaderos ideales, la definen como
la afirmación del "espíritu nuevo", entendido como
espíritu revolucionario.
Desde sus puntos de vista filosóficos, Ripa Alberdi se inclinaba
a considerar esta afirmación como una victoria del idealismo novecentista
sobre el positivismo del siglo XIX. "El renacimiento del espíritu
argentino -decía- se opera por virtud de las jóvenes generaciones,
que al cruzar por los campos de la filosofía contemporánea
han sentido aletear en su frente el ala de la libertad". Mas el propio
Ripa Alberdi se daba cuenta de que el objeto de la reforma era capacitar
a la Universidad para el cumplimiento de "esa función social
que es la razón misma de su existencia" (22).
Julio V. González, que ha reunido en dos volúmenes sus escritos
de la campaña universitaria, arriba a conclusiones más precisas:
"La Reforma Universitaria -escribe- acusa el aparecer de una nueva
generación que llega desvinculada de la anterior, que trae sensibilidad
distinta e ideales propios y una misión diversa para cumplir. No
es aquella un hecho simple o aislado, si los hay; está vinculada
en razón de causa a efecto con los últimos acontecimientos
de que fuera teatro nuestro país, como consecuencia de los producidos
en el mundo. Significaría incurrir en una apreciación errónea
hasta lo absurdo, considerar a la Reforma Universitaria como un problema
de aulas y, aún así, radicar toda su importancia en los efectos
que pudiera surtir exclusivamente en los círculos de cultura. Error
semejante llevaría sin remedio a una solución del problema
que no consultaría la realidad en que él está planteado.
Digámoslo claramente entonces: la Reforma Universitaria es parte
de una cuestión que el desarrollo material y moral de nuestra sociedad
ha impuesto a raíz de la crisis producida por la guerra" (23).
González señala en seguida la guerra europea, la revolución
rusa y el advenimiento del radicalismo al poder como los factores decisivos
de la Reforma en la Argentina.
José Luis Lanuza indica otro factor: la evolución de la clase
media. La mayoría de los estudiantes pertenecen a esta clase en todas
sus gradaciones. Y bien. Una de las consecuencias sociales y económicas
de la guerra es la proletarización de la clase media. Lanuza sostiene
la siguiente tesis: "Un movimiento colectivo estudiantil de tan vastas
proyecciones sociales como la Reforma Universitaria no hubiera podido estallar
antes de la guerra europea. Se sentía la necesidad de renovar los
métodos de estudio y se ponía de manifiesto el atraso de la
Universidad respecto a las corrientes contemporáneas del pensamiento
universal desde la época de Alberdi, en la que empieza a desarrollarse
nuestra industria embrionaria. Pero entonces la clase media universitaria
se mantenía tranquila con sus títulos de privilegio. Desgraciadamente
para ella, esta holgura disminuye a medida que crece la gran industria,
se acelera la diferenciación de las clases y sobreviene la proletarización
de los intelectuales. Los maestros, los periodistas y empleados de comercio
se organizan gremialmente. Los estudiantes no podían escapar al movimiento
general" (24).
Mariano Hurtado de Mendoza coincide sustancialmente, con las observaciones
de Lanuza. "La Reforma Universitaria -escribe-, es antes que nada y
por sobre todo, un fenómeno social que resulta de otro más
general y extenso, producido a consecuencia del grado de desarrollo económico
de nuestra sociedad. Fuera entonces error estudiarla únicamente bajo
la faz universitaria, como problema de renovación del gobierno de
la Universidad, o bajo la faz pedagógica, como ensayo de aplicación
de nuevos métodos de investigación en la adquisición
de la cultura. Incurriríamos también en error si la consideráramos,
como el resultado exclusivo de una corriente de ideas nuevas provocadas
por la gran guerra y por la revolución rusa, o como la obra de la
nueva generación que aparece y llega desvinculada de la anterior,
que trae sensibilidad distinta e ideales propios y una misión diversa
por cumplir". Y, precisando su concepto, agrega más adelante:
"La Reforma Universitaria no es más que una consecuencia del
fenómeno general de proletarización de la clase media que
forzosamente ocurre cuando una sociedad capitalista llega a determinadas
condiciones de su desarrollo económico. Significa esto que en nuestra
sociedad se está produciendo el fenómeno de proletarización
de la clase media y que la Universidad, poblada en su casi totalidad por
ésta, ha sido la primera en sufrir sus efectos, porque era el tipo
ideal de institución capitalista" (25).
Es, en todo caso, un hecho uniformemente observado la formación,
al calor de la Reforma, de núcleos de estudiantes que, en estrecha
solidaridad con el proletariado, se han entregado a la difusión de
avanzadas ideas sociales y al estudio de las teorías marxistas. El
surgimiento de las universidades populares, concebidas con un criterio bien
diverso del que inspiraba en otros tiempos tímidos tanteos de extensión
universitaria, se ha efectuado en toda la América Latina en visible
concomitancia con el movimiento estudiantil. De la Universidad han salido,
en todos los países latinoamericanos, grupos de estudiosos de economía
y sociología que han puesto sus conocimientos al servicio del proletariado,
dotando a éste, en algunos países, de una dirección
intelectual de que antes había generalmente carecido. Finalmente,
los propagandistas y fautores más entusiastas de la unidad política
de la América Latina son, en gran parte, los antiguos líderes
de la Reforma Universitaria que conservan así su vinculación
continental, otro de los signos de la realidad de la "nueva generación".
Cuando se confronta este fenómeno con el de las universidades de
la China y del Japón, se comprueba su rigurosa justificación
histórica. En el Japón, la Universidad ha sido la primera
cátedra de socialismo. En la China, por razones obvias, ha tenido
una función todavía más activa en la formación
de una nueva conciencia nacional. Los estudiantes chinos componen la vanguardia
del movimiento nacionalista revolucionario que, dando a la inmensa nación
asiática una nueva alma y una nueva organización, le asigna
una influencia considerable en los destinos del mundo. En este punto se
muestran concordes los observadores occidentales de más reconocida
autoridad intelectual.
Pero no me propongo aquí, el estudio de todas las consecuencias y
rela-ciones de la Reforma Universitaria con los grandes problemas de la
evolución política de la América Latina. Constatada
la solidaridad del movimiento estudiantil con el movimiento histórico
general de estos pueblos, tratemos de examinar y definir sus rasgos propios
y específicos.
¿Cuáles son las proposiciones o postulados fundamentales de
la Reforma?
El Congreso Internacional de Estudiantes de México de 1921 propugnó:
1º la participación de los estudiantes en el gobierno de las
universidades; 2º la implantación de la docencia libre y la
asistencia libre. Los estudiantes de Chile declararon su adhesión
a los siguientes principios: 1º autonomía de la Universidad,
entendida como institución de los alumnos, profesores y diplomados;
2º reforma del sistema docente, mediante el establecimiento de la docencia
libre y, por consiguiente, de la asistencia libre de los alumnos a las cátedras,
de suerte que en caso de enseñar dos maestros una misma materia la
preferencia del alumnado consagre libremente la excelencia del mejor; 3º
revisión de los métodos y del contenido de los estudios; y
4º extensión universitaria, actuada como medio de vinculación
efectiva de la Universidad con la vida social. Los estudiantes de Cuba concretaron
en 1923 sus reivindicaciones en esta fórmula: a) una verdadera democracia
universitaria; b) una verdadera renovación pedagógica y científica;
c) una verdadera popularización de la enseñanza. Los estudiantes
de Colombia reclamaron, en su programa de 1924, la organización de
la Universidad sobre bases de independencia, de participación de
los estudiantes en su gobierno y de nuevos métodos de trabajo. "Que
al lado de la cátedra -dice ese programa-funcione el seminario, se
abran cursos especiales, se creen revistas. Que al lado del maestro titular
haya profesores agregados y que la carrera del magisterio exista sobre bases
que aseguren su porvenir y den acceso a cuantos sean dignos de tener una
silla en la Universidad". Los estudiantes de vanguardia de la Universidad
de Lima, leales a los principios proclamados en 19l9 y 1923, sostuvieron
en 1926 las siguientes plataformas: defensa de la autonomía de las
universidades; participación de los estudiantes en la dirección
y orientación de sus respectivas universidades o escuelas especiales;
derecho de voto por los estudiantes en la elección de rectores de
las universidades; renovación de los métodos pedagógicos;
voto de honor de los estudiantes en la provisión de las cátedras;
incorporación a la universidad de los valores extrauniversitarios;
socialización de la cultura: universidades populares, etc. Los principios
sostenidos por los estudiantes argentinos son, probablemente, más
conocidos, por su extensa influencia en el movimiento estudiantil de América
desde su primera enunciación en la Universidad de Córdoba.
Prácticamente, además, son a grandes rasgos los mismos que
proclaman los estudiantes de las demás universidades latinoamericanas.
Resulta de esta rápida revisión que como postulados cardinales
de la Reforma Universitaria puede considerarse: primero, la intervención
de los alumnos en el gobierno de las universidades y segundo, el
funcionamiento de cátedras libres, al lado de las oficiales, con
idénticos derechos, a cargo de enseñantes de acreditada capacidad
en la materia.
El sentido y el origen de estas dos reivindicaciones nos ayudan a esclarecer
la significación de la Reforma.