José Carlos Mariátegui
7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
El Problema del Indio
REFERENCIAS
1. En el prólogo de Tempestad en los Andes de Valcárcel,
vehemente y beligerante evangelio indigenista, he explicado así mi
punto de vista:
"La fe en el resurgimiento indígena no proviene de un proceso
de 'occidentalización' material de la tierra quechua. No es la civilización,
no es el alfabeto del blanco, lo que levanta el alma del indio. Es el mito,
es la idea de la revolución socialista. La esperanza indígena
es absolutamente revolucionaria. El mismo mito, la misma idea, son agentes
decisivos del despertar de otros viejos pueblos, de otras viejas razas en
colapso: hindúes, chinos, etc. La historia universal tiende hoy como
nunca a regirse por el mismo cuadrante. ¿Por qué ha de ser el
pueblo inkaico, que construyó el más desarrollado y armónico
sistema comunista, el único insensible a la emoción mundial?
La consanguinidad del movimiento indigenista con las corrientes revolucionarias
mundiales es demasiado evidente para que precise documentarla. Yo he dicho
ya que he llegado al entendimiento y a la valorización justa de lo
indígena por la vía del socialismo. El caso de Valcárcel
demuestra lo exacto de mi experiencia personal. Hombre de diversa formación
intelectual, influido por sus gustos tradicionalistas, orientado por distinto
género de sugestiones y estudios, Valcárcel resuelve políticamente
su indigenismo en socialismo. En este libro nos dice, entre otras cosas,
que 'el proletariado indígena espera su Lenin'. No sería diferente
el lenguaje de un marxista.
La reivindicación indígena carece de concreción histórica
mientras se mantiene en un plano filosófico o cultural. Para adquirirla
-esto es para adquirir realidad, corporeidad- necesita convertirse en reivindicación
económica y política. El socialismo nos ha enseñado
a plantear el problema indígena en nuevos términos. Hemos
dejado de considerarlo abstractamente como problema étnico o moral
para reconocerlo concretamente como problema social, económico y
político. Y entonces lo hemos sentido, por primera vez, esclarecido
y demarcado.
Los que no han roto todavía el cerco de su educación liberal
burguesa y, colocándose en una posición abstractista y literaria,
se entretienen en barajar los aspectos raciales del problema, olvidan que
la política y, por tanto la economía, lo dominan fundamentalmente.
Emplean un lenguaje seudoidealista para escamotear la realidad disimulándola
bajo sus atributos y consecuencias. Oponen a la dialéctica revolucionaria
un confuso galimatías crítico, conforme al cual la solución
del problema indígena no puede partir de una reforma o hecho político
porque a los efectos inmediatos de éste escaparía una compleja
multitud de costumbres y vicios que sólo pueden transformarse a través
de una evolución lenta y normal.
La historia, afortunadamente, resuelve todas las dudas y desvanece todos
los equívocos. La Conquista fue un hecho político. Interrumpió
bruscamente el proceso autónomo de la nación quechua, pero
no implicó una repentina sustitución de las leyes y costumbres
de los nativos por las de los conquistadores. Sin embargo, ese hecho político
abrió, en todos los órdenes de cosas, así espirituales
como materiales, un nuevo período. El cambio de régimen bastó
para mudar desde sus cimientos la vida del pueblo quechua. La Independencia
fue otro hecho político. Tampoco correspondió a una radical
transformación de la estructura económica y social del Perú;
pero inauguró, no obstante, otro período de nuestra historia,
y si no mejoró prácticamente la condición del indígena,
por no haber tocado casi la infraestructura económica colonial, cambió
su situación jurídica, y franqueó el camino de su emancipación
política y social. Si la República no siguió este camino,
la responsabilidad de la omisión corresponde exclusivamente a la
clase que usufructuó la obra de los libertadores tan rica potencialmente
en valores y principios creadores.
El problema indígena no admite ya la mistificación a que perpetuamente
lo ha sometido una turba de abogados y literatos, consciente o inconscientemente
mancomunados con los intereses de la casta latifundista. La miseria moral
y material de la raza indígena aparece demasiado netamente como una
simple consecuencia del régimen económico y social que sobre
ella pesa desde hace siglos. Este régimen sucesor de la feudalidad
colonial, es el gamonalismo. Bajo su imperio, no se puede hablar seriamente
de redención del indio.
El término 'gamonalismo' no designa sólo una categoría
social y económica: la de los latifundistas o grandes propietarios
agrarios. Designa todo un fenómeno. El gamonalismo no está
representado sólo por los gamonales propiamente dichos. Comprende
una larga jerarquía de funcionarios, intermediarios, agentes, parásitos,
etc. El indio alfabeto se transforma en un explotador de su propia raza
porque se pone al servicio del gamonalismo. El factor central del fenómeno
es la hegemonía de la gran propiedad semifeudal en la política
y el mecanismo del Estado. Por consiguiente, es sobre este factor sobre
el que se debe actuar si se quiere atacar en su raíz un mal del cual
algunos se empeñan en no contemplar sino las expresiones episódicas
o subsidiarias.
Esa liquidación del gamonalismo, o de la feudalidad, podía
haber sido realizada por la República dentro de los principios liberales
y capitalistas. Pero por las razones que llevo ya señaladas estos
principios no han dirigido efectiva y plenamente nuestro proceso histórico.
Saboteados por la propia clase encargada de aplicarlos, durante más
de un siglo han sido impotentes para redimir al indio de una servidumbre
que constituía un hecho absolutamente solidario con el de la feudalidad.
No es el caso de esperar que hoy, que estos principios están en crisis
en el mundo, adquieran repentinamente en el Perú una insólita
vitalidad creadora.
El pensamiento revolucionario, y aun el reformista, no puede ser ya liberal
sino socialista. El socialismo aparece en nuestra historia no por una razón
de azar, de imita-ción o de moda, como espíritus superficiales
suponen, sino como una fatalidad histórica. Y sucede que mientras,
de un lado, los que profesamos el socialismo propugnamos lógica y
coherentemente la reorganización del país sobre bases socialistas
y -constatando que el régimen económico y político
que combatimos se ha convertido gradualmente en una fuerza de colonización
del país por los capitalismos imperialistas extranjeros-, proclamamos
que este es un instante de nuestra historia en que no es posible ser efectivamente
nacionalista y revolucionario sin ser socialista; de otro lado no existe
en el Perú, como no ha existido nunca, una burguesía progresista,
con sentido nacional, que se profese liberal y democrática y que
inspire su política en los postulados de su doctrina".
2. González Prada, que ya en uno de sus primeros discursos de agitador
intelectual había dicho que formaban el verdadero Perú los
millones de indios de los valles andinos, en el capítulo "Nuestros
indios" incluido en la última edición de Horas de
Lucha, tiene juicios que lo señalan como el precursor de una
nueva conciencia social: "Nada cambia más pronto ni más
radicalmente la psicología del hombre que la propiedad: al sacudir
la esclavitud del vientre, crece en cien palmos. Con sólo adquirir
algo el individuo asciende algunos peldaños en la escala social,
porque las clases se reducen a grupos clasificados por el monto de la riqueza.
A la inversa del globo aerostático, sube más el que más
pesa. Al que diga: la escuela, respóndasele: la escuela y el pan.
La cuestión del indio, más que pedagógica, es económica,
es social".
3. "Sostener la condición económica del indio -escribe
Encinas- es el mejor modo de elevar su condición social. Su fuerza
económica se encuentra en la tierra, allí se encuentra toda
su actividad. Retirarlo de la tierra es variar, profunda y peligrosamente,
ancestrales tendencias de la raza. No hay como el trabajo de la tierra para
mejorar sus condiciones económicas. En ninguna otra parte, ni en
ninguna otra forma puede encontrar mayor fuente de riqueza como en la tierra"
(Contribución a una legislación tutelar indigena, p.
39). Encinas, en otra parte, dice: "Las instituciones jurídicas
relativas a la propiedad tienen su origen en las necesidades económicas.
Nuestro Código Civil no está en armonía con los principios
económicos, porque es individualista en lo que se refiere a la propiedad.
La ilimitación del derecho de propiedad ha creado el latifundio con
detrimento de la propiedad indígena. La propiedad del suelo improductivo
ha creado la enfeudación de la raza y su miseria" (p. 13).
4. González Prada, Horas de Lucha, 2ª edición,
"Nuestros indios".
5. Dora Mayer de Zulen resume así el carácter del experimento
Pro-Indígena: "En fría concreción de datos prácticos,
la Asociación Pro-Indígena significa para los historiadores
lo que Mariátegui supone un experimento de rescate de la atrasada
y esclavizada Raza Indígena por medio de un cuerpo protector extraño
a ella, que gratuitamente y por vías legales ha procurado servirle
como abogado en sus reclamos ante los Poderes del Estado". Pero, como
aparece en el mismo interesante balance de la Pro-Indigena, Dora Mayer piensa
que esta asociación trabajó, sobre todo, por la formación
de un sentido de responsabilidad. "Dormida estaba -anota- a los
cien años de la emancipación republicana del Perú,
la conciencia de los gobernantes, la conciencia de los gamonales, la conciencia
del clero, la conciencia del público ilustrado y semiilustrado, respecto
a sus obligaciones para con la población que no sólo merecía
un filantrópico rescate de vejámenes inhumanos, sino a la
cual el patriotismo peruano debía un resarcimiento de honor nacional,
porque la Raza Incaica había descendido a escarnio de propios y extraños".
El mejor resultado de la Pro-Indígena resulta sin embargo, según
el leal testimonio de Dora Mayer, su influencia en el despertar indígena.
"Lo que era deseable que sucediera, estaba sucediendo; que los indígenas
mismos, saliendo de la tutela de las clases ajenas concibieran los medios
de su reivindicación".
6. Obra citada.
7. "Sólo el misionero -escribe el señor José León
y Bueno, uno de los líderes de la 'Acción Social de la Juventud'-
puede redimir y restituir al indio. Siendo el intermedia-rio incansable
entre el gamonal y el colono, entre el latifundista y el comunero, evitando
las arbitrariedades del Gobernador que obedece sobre todo al interés
político del cacique criollo; explicando con sencillez la lección
objetiva de la naturaleza e interpretando la vida en su fatalidad y en su
libertad; condenando el desborde sensual de las muchedumbres en las fiestas;
segando la incontinencia en sus mismas fuentes y revelando a la raza su
misión excelsa, puede devolver al Perú su unidad, su dignidad
y su fuerza" (Boletín de la A. S. J., Mayo de 1928).
8. Es demasiado sabido que la producción -y también el contrabando-
de aguardiente de caña, constituye uno de los más lucrativos
negocios de los hacendados de la Sierra. Aun los de la Costa, explotan en
cierta escala este filón. El alcoholismo del peón y del colono
resulta indispensable a la prosperidad de nuestra gran propiedad agrícola.
* Esta "Sumaria revisión histórica" fue escrita
por J.C.M. a pedido de la Agencia Tass de Nueva York, traducida y
publicada en la revista The Nation (Vol. 128. 16 enero de 1929, con
el título "The New Peru"). Reproducida en Labor
(Año I, Nº 1, 1928) con el título "Sobre el problema
indígena. Sumaria revisión histórica", fue precedida
por una Nota de Redacción, escrita por el autor, en la que señala
que estos apuntes "complementan en cierta forma el capítulo
sobre el problema del indio de Siete ensayos de interpretación
la realidad peruana". Por este motivo los hemos agregado al presente
ensayo (Nota de los Editores).