7 Ensayos de Interpretación
de la Realidad Peruana
Esquema de la Evolución Económica
III. EL PERÍODO DEL GUANO Y DEL SALITRE
El capítulo de la evolución de la economía peruana
que se abre con el descubrimiento de la riqueza del guano y del salitre
y se cierra con su pérdida, explica totalmente una serie de fenómenos
políticos de nuestro proceso histórico que una concepción
anecdótica y retórica más bien que romántica
de la historia peruana se ha complacido tan superficialmente en desfigurar
y contrahacer. Pero este rápido esquema de interpretación
no se propone ilustrar ni enfocar esos fenómenos sino fijar o definir
algunos rasgos sustantivos de la formación de nuestra economía
para percibir mejor su carácter de economía colonial. Consideremos
sólo el hecho económico.
Empecemos por constatar que al guano y al salitre, sustancias humildes y
groseras, les tocó jugar en la gesta de la República un rol
que había parecido reservado al oro y a la plata en tiempos más
caballerescos y menos positivistas. España nos quería y nos
guardaba como país productor de metales preciosos. Inglaterra nos
prefirió como país productor de guano y salitre. Pero este
diferente gesto no acusaba, por supuesto, un móvil diverso. Lo que
cambiaba no era el móvil; era la época. El oro del Perú
perdía su poder de atracción en una época en que, en
América, la vara del pioneer descubría el oro de California.
En cambio el guano y el salitre -que para anteriores civilizaciones hubieran
carecido de valor pero que para una civilización industrial adquirían
un precio extraordinario- constituían una reserva casi exclusivamente
nuestra. El industrialismo europeo u occidental -fenómeno en pleno
desarrollo- necesitaba abastecerse de estas materias en el lejano litoral
del sur del Pacífico. A la explotación de los dos productos
no se oponía, de otro lado, como a la de otros productos peruanos,
el estado rudimentario y primitivo de los transportes terrestres. Mientras
que para extraer de las entrañas de los Andes el oro, la plata, el
cobre, el carbón, se tenía que salvar ásperas montañas
y enormes distancias, el salitre y el guano yacían en la costa casi
al alcance de los barcos que venían a buscarlos.
La fácil explotación de este recurso natural dominó
todas las otras manifestaciones de la vida económica del país.
El guano y el salitre ocuparon un puesto desmesurado en la economía
peruana. Sus rendimientos se convirtieron en la principal renta fiscal.
El país se sintió rico. El Estado usó sin medida de
su crédito. Vivió en el derroche, hipotecando su porvenir
a la finanza inglesa.
Esta es a grandes rasgos toda la historia del guano y del salitre para el
observador que se siente puramente economista. Lo demás, a primera
vista, pertenece al historiador. Pero, en este caso, como en todos, el hecho
económico es mucho más complejo y trascendental de lo que
parece.
El guano y el salitre, ante todo, cumplieron la función de crear
un activo tráfico con el mundo occidental en un período en
que el Perú, mal situado geográficamente, no disponía
de grandes medios de atraer a su suelo las corrientes colonizadoras y civilizadoras
que fecundaban ya otros países de la América indo-ibera. Este
tráfico colocó nuestra economía bajo el control del
capital británico al cual, a consecuencia de las deudas contraídas
con la garantía de ambos productos, debíamos entregar más
tarde la administración de los ferrocarriles, esto es, de los resortes
mismos de la explotación de nuestros recursos.
Las utilidades del guano y del salitre crearon en el Perú, donde
la propiedad había conservado hasta entonces un carácter aristocrático
y feudal, los primeros elementos sólidos de capital comercial y bancario.
Los profiteurs directos e indirectos de las riquezas del litoral
empezaron a constituir una clase capitalista. Se formó en el Perú
una burguesía, confundida y enlazada en su origen y su estructura
con la aristocracia, formada principalmente por los sucesores de los encomenderos
y terratenientes de la colonia, pero obligada por su función a adoptar
los principios fundamentales de la economía y la política
liberales. Con este fenómeno -al cual me refiero en varios pasajes
de los estudios que componen este libro-, se relacionan las siguientes constataciones:
"En los primeros tiempos de la lndependencia, la lucha de facciones
y jefes militares aparece como una consecuencia de la falta de una burguesía
orgánica. En el Perú, la revolución hallaba menos definidos,
más retrasados que en otros pueblos hispanoamericanos, los elementos
de un orden liberal burgués. Para que este orden funcionase más
o menos embrionariamente tenía que constituirse una clase capitalista
vigorosa. Mientras esta clase se organizaba, el poder estaba a merced de
los caudillos militares. El gobierno de Castilla marcó la etapa de
solidificación de una clase capitalista. Las concesiones del Estado
y los beneficios del guano y del salitre crearon un capitalismo y una burguesía.
Y esta clase, que se organizó luego en el 'civilismo', se movió
muy pronto a la conquista total del poder".
Otra faz de este capítulo de la historia económica de la República
es la afirmación de la nueva economía como economía
prevalentemente costeña. La búsqueda del oro y de la plata
obligó a los españoles -contra su tendencia a instalarse en
la costa-, a mantener y ensanchar en la sierra sus puestos avanzados. La
minería -actividad fundamental del régimen económico
implantado por España en el territorio sobre el cual prosperó
antes una sociedad genuina y típicamente agraria-, exigió
que se estableciesen en la sierra las bases de la Colonia. El guano y el
salitre vinieron a rectificar esta situación. Fortalecieron el poder
de la costa. Estimularon la sedimentación del Perú nuevo en
la tierra baja. Y acentuaron el dualismo y el conflicto que hasta ahora
constituyen nuestro mayor problema histórico.
Este capítulo del guano y del salitre no se deja, por consiguiente,
aislar del desenvolvimiento posterior de nuestra economía. Están
ahí las raíces y los factores del capítulo que ha seguido.
La guerra del Pacífico, consecuencia del guano y del salitre, no
canceló las otras consecuencias del descubrimiento y la explotación
de estos recursos, cuya pérdida nos reveló trágicamente
el peligro de una prosperidad económica apoyada o cimentada casi
exclusivamente sobre la posesión de una riqueza natural, expuesta
a la codicia y al asalto de un imperialismo extranjero o a la decadencia
de sus aplicaciones por efecto de las continuas mutaciones producidas en
el campo industrial por los inventos de la ciencia. Caillaux nos habla con
evidente actualidad capitalista, de la inestabilidad económica e
industrial que engendra el progreso científico (3).
En el período dominado y caracterizado por el comercio del guano
y del salitre, el proceso de la transformación de nuestra economía,
de feudal en burguesa, recibió su primera enérgica propulsión.
Es, a mi juicio, indiscutible que, si en vez de una mediocre metamorfosis
de la antigua clase dominante, se hubiese operado el advenimiento de una
clase de savia y élan nuevos, ese proceso habría avanzado
más orgánica y seguramente. La historia de nuestra posguerra
lo demuestra. La derrota -que causó, con la pérdida de los
territorios del salitre, un largo colapso de las fuerzas productoras- no
trajo como una compensación, siquiera en este orden de cosas, una
liquidación del pasado.